Si no queremos construir una ciudad hoy para todas las personas, si no lo hacemos desde la empatía por los que hoy ya no pueden salir de sus casas porque la ciudad se los impide…
Uno de los primeros recuerdos que tengo de la infancia es caminar por las calles de Pachuca junto a mi abuelo. Caminábamos al mercado, a la tienda de la esquina, a las casas de mis tíos, a visitar a sus amigos. Pero cuando su movilidad ya no era la misma, dejamos de visitar algunos de esos sitios. No me daba cuenta de la razón, hoy veo que los primeros lugares que dejamos de visitar eran los más alejados o que estaban en lugares más inaccesibles.
En ese momento no era consciente de lo difícil que era caminar por algunos espacios, por la mayoría de las calles de la ciudad. Y es que, incluso en la infancia, las calles son complicadas de navegar sin la ayuda de un adulto.
Cuando mi abuelo ya solo podía moverse en silla de ruedas, dejó de salir a las calles. Dejó de visitar a sus amigos, dejó de ser independiente. Y es que la ciudad se vuelve más inhóspita en la medida que crecemos, es lo natural, ¿no? Pues no, no debería ser así.
Hoy tenemos diferentes debates sobre el espacio público y la movilidad, lo cual es positivo. Hablamos del Tuzobús y cómo debería mejorar, hablamos del aumento de los siniestros viales en las avenidas de la ciudad, de la falta de ciclovías y condiciones para ciclistas, de defender las pocas áreas naturales de la ciudad de la devastación, como el Parque Ecológico de Cubitos; hablamos del abandono de los fraccionamientos del sur, aislados por parte de las inmobiliarias y los municipios por la mala planificación urbana; hablamos de los puentes antipeatonales y la necesidad de cruces seguros a nivel de calle.
Pero parece que no hablamos de la necesidad de construir calles accesibles para todas las personas, no solo para los que aún somos jóvenes, sino para los adultos mayores que pierden autonomía por las malas decisiones y abandono de los gobiernos encargados de diseñar y dar mantenimiento a la ciudad.
En muchas ciudades del mundo, envejecer o tener una discapacidad no significa perder independencia, porque esas ciudades toman en cuenta a la población adulta y a las infancias. Cuentan con banquetas amplias y continuas, con semáforos peatonales auditivos, con guías podotáctiles para quienes no pueden ver, con transporte público seguro, eficiente y accesible (no como esas estaciones del Tuzobús aisladas en medio del bulevar Felipe Ángeles).
Si no queremos construir una ciudad hoy para todas las personas, si no lo hacemos desde la empatía por los que hoy ya no pueden salir de sus casas porque la ciudad se los impide, al menos hagámoslo por egoísmo. ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? ¿Vivirás en una ciudad que te va a apartar de la vida pública porque no puedes caminar en ella? ¿O vas a unirte a exigir las condiciones necesarias para que mantengas tu independencia cuando las piernas y la vista te empiecen a fallar?
Pequeñas acciones, grandes cambios…
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