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Hace (10) meses

Aniceto Ortega, a 200 años de su nacimiento

Considerado como el compositor insignia de los liberales mexicanos, Aniceto Ortega del Villar, nacido en la ciudad de Tulancingo el 16 de abril de 1825 –hace ya 200 años–

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Considerado como el compositor insignia de los liberales mexicanos, Aniceto Ortega del Villar, nacido en la ciudad de Tulancingo el 16 de abril de 1825 –hace ya 200 años– fue hijo de Francisco Ortega, un culto y reconocido tulancinguense dedicado al comercio, quien, obligado por diversos negocios, se vio en la necesidad de mudarse en compañía de su familia a la Ciudad de México, gracias a lo que el joven Aniceto pudo inscribirse en el afamado Colegio de San Ildefonso y, hacia 1841, en la Escuela Nacional de Medicina, donde, muy joven aun, en diciembre de 1845 obtuvo el título de médico cirujano.

Hacia la primera mitad del siglo XIX, marchó a Francia, donde perfeccionó sus conocimientos y práctica en la obstetricia, aunque su larga estancia en el viejo continente le permitió también profundizar en la embriología, distinguiéndose por sus puntuales investigaciones. A su regreso a México, en 1851, los estudios realizados en Europa le permitieron implantar en México algunas técnicas de higiene y salud, así como exitosas transfusiones de sangre, por lo que se le considera como pionero en la práctica de la llamada medicina preventiva, que tanto bien ha hecho al país. Por cerca de 20 años fue maestro de ginecología en su alma mater.

En 1864 en compañía de otros médicos fundó la Academia de Medicina y en 1866 la Casa de la Maternidad, donde enseñó ginecoobstetricia. Durante el Imperio de Maximiliano, ganó por oposición el cargo de director de la Casa de Maternidad, responsabilidad que desempeñó a la par de su cátedra sobre clínica obstétrica en la Escuela Nacional de Medicina. El primero de noviembre de 1865, el emperador Maximiliano le nombró miembro del Consejo Superior de Salubridad creado por el Imperio.

Este último nombramiento ocasionó que, al restaurarse la República, perdiera prácticamente todos sus empleos, aunque debido a su honesto desempeño y fama profesional los recuperó de inmediato; inclusive, el presidente Juárez le nombró catedrático en la Escuela de Obstetricia el 1ero. de febrero de 1868, aunque para entonces había concluido su gestión como director del área de Maternidad. En 1869 volvió a Europa para seguir sus estudios científicos. A su regreso, el 8 de marzo de 1870, fue designado director del Hospital de Maternidad, y en 1873 el presidente Miguel Lerdo de Tejada le nombró presidente del Consejo Superior de Salubridad de la Ciudad de México, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Pero si el doctor Aniceto Ortega del Villar fue reconocido ampliamente como médico, mucho más lo fue como músico. Durante su estancia en el viejo continente entre 1849 y 1851, se dio tiempo parar estudiar y mejorar su técnica pianística –inicia da desde su niñez en Tulancingo–; inclusive se presentó en diversos recitales pianísticos realizados en importantes salas de concierto de Europa, en las que se le reconoció su gran calidad y talento artístico, Por otro lado, a través de sus presentaciones, logró contactar con varios compositores europeos –españoles, franceses, Italianos y alemanes– gracias a los que pudo incursionar en el terreno de la composición musical.

Resulta interesante observar cómo alternaba su trabajo en hospitales, cátedras y otros menesteres de la medicina, con su gran vocación musical. Desde mediados de los años 50 del siglo XIX, Ortega pasaba largas horas en la salita de música de su casa en la Ciudad de México, donde debió iniciar sus pasos en el ámbito de la composición, que mejoró sustancial mente en sus viajes a Europa.

La música de Aniceto se vio influencia da primero por el sinfonismo germánico todavía de estilo beethoveniano y más tarde por la obra romántica del compositor franco-polaco Frédéric François Chopin, así pueden encontrarse obras destacadas como su Invocación a Beethoven, obra que dedicó al músico Tomás León y después marchas, himnos, romanzas, mazurcas, valses y nocturnos, todas de gran venta en la Casa Wagner.

En 1866 fundó en compañía de otros músicos, la Sociedad Filarmónica Mexicana que hoy se conoce como Conservatorio Nacional de Música. Institución en la que fue maestro fundador de la clase de composición. En tanto que su Marcha de Zaragoza, estrenada en el Gran Teatro Nacional, junto con la Marcha Republicana en 1867, alcanzaban el más rotundo de los éxitos. La Marcha de Zaragoza, por cierto, fue utilizada como fondo en la entrada triunfante del ejército prusiano a París.

En 1871 estrenó con gran éxito su ópera Guatemotzin, basada en una novela his tórica de la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, que se inspiró en la tragedia del último rey mexica, considerada como la primera ópera mexicana de tema nacio nal, la función inaugural fue cantada nada menos que por eximia Ángela Peralta y Enrico Tamberlick.

Después de recibir varios honores en Tulancingo y la Ciudad de México, cuando se desempeñaba como presidente del Consejo Superior de Salubridad del País –cargo con ferido por presidente Miguel Lerdo de Tejada en 1873–, muere el 17 de noviembre de 1875, cuando apenas contaba con 50 años. Qué hubiese sido de su creatividad si su vida se hubiera prolongado tan solo unos años más.

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