La preparación comienza el 24 de junio, pero los días más intensos son a finales de octubre

Las familias crean los arcos con flores de temporada para el paso de las almas | Foto: Carmen Hernández
En Huejutla, la muerte no solo se recuerda solo con lágrimas; también se celebra entre sonrisas, música, comida y mucho amor por los seres queridos que fallecieron. Ese es el Xantolo en el corazón de la Huasteca.
Esta es una de las celebraciones más esperadas del año; aunque la preparación se da desde el 24 de junio, en el Día de San Juan, cuando las familias acostumbran a sembrar las flores de cempasúchil, la tradición se vive con más intensidad durante los últimos días de octubre.
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El 30 de ese mes, las familias inician formalmente el festejo, con la creación de los arcos, por los que atravesarán las ánimas durante el Xantolo y que son adornados con flores de cempasúchil, mano de león, palmillas y, en algunos casos, silvestres. Desde esa fecha, la celebración se vive en su más grande expresión, con ofrendas, música, baile y recuerdos.

Como parte de las ofrendas –que se realizan diariamente desde los últimos días de octubre hasta el 2 de noviembre–, las familias acostumbran a preparar los alimentos que en vida eran los favoritos de sus difuntos, desde dulces típicos hasta un mole o caldo de mariscos o pescado.
Sin embargo, algo que no puede faltar en la ofrenda son los tamales, el platillo típico del Mijkailjuit; es decir, la “fiesta de los muertos” en lengua náhuatl.
Otro elemento fundamental son las velas, que –de acuerdo con la creencia– son la luz que guía el camino de ida y vuelta de las almas que nos visitan en la celebración de Día de Muertos y las cuales también son ofrendadas.
Desde el altar más íntimo en el hogar hasta la fiesta para compartir en el panteón, las familias de Huejutla ríen y lloran al recordar a sus difuntos. Tanto aquellos que partieron hace años como los que lo hicieron recientemente, pero siempre con ilusión, cariño y tradición.
Además de la ofrenda que se realiza a los muertos, otra característica del Xantolo son las cuadrillas de disfrazados; hombres y mujeres que bailan al compás de banda o trío, con un zapateado único que enchina la piel y contagia el ánimo de todo aquel que los ve.
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De casa en casa, en el escenario o en el panteón, los disfrazados del Xantolo bailan los huapangos y sones característicos del festejo del Día de Muertos, como lo son Los matlachines, El Torito o el Xochipitzauatl.
Finalmente, el 2 de noviembre, ambos elementos –la ofrenda y los bailes de disfrazados– se combinan en el cementerio municipal o de la localidad más cercana, donde las familias acuden a visitar a sus difuntos.
Ahí, no solo comparten comida o música, también celebran en conjunto la llegada de sus muertos. Ese es el Xantolo en Huejutla.

Durante la celebración, no existe ningún difunto que se quede sin ser rememorado, ya que en la Huasteca también se tiene el recuerdo y la ofrenda para el ánima sola.
En Huejutla, el Xantolo se disfruta en todas sus formas. La muerte no solo es tristeza, también es un recuerdo de que los seres queridos que han fallecido vienen a visitarnos y a bailar al ritmo de un buen huapango.
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