La tradición del Xantolo se mantiene viva en Jaltocán con oraciones en náhuatl y aromas que evocan la memoria de los ausentes

La señora María Lina, de más de 80 años, llama a sus difuntos en su lengua materna: “Vengan a comer pan, café y tamales”
En el municipio de Jaltocán, conocido por la presencia de cientos de artesanos dedicados a la elaboración de bordados, pan, veladoras, máscaras y otros productos, el Xantolo se vive de una manera distinta e íntima, con un profundo apego a la tradición.
En cada hogar, las familias esperan a sus difuntos con el característico aroma del copal y la flor de cempasúchil, que adorna los arcos frente a las ofrendas preparadas con amor y devoción.
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Trinidad Hernández Montaño, artesana textil, explicó que, debido a que la mayoría de los pobladores de Jaltocán se dedica al comercio, acudir al panteón durante estas fechas no es una costumbre frecuente.
Sin embargo, el cariño y respeto hacia sus seres queridos se manifiesta en los altares que colocan en casa, acompañados de palabras, recuerdos y muestras de afecto.
Durante un recorrido por la cabecera municipal, este medio observó cómo algunas familias mantienen abiertas sus puertas, dejando ver sus ofrendas y arcos, como una invitación para que sus difuntos regresen a disfrutar de los alimentos y bebidas que más les gustaban en vida.
En el hogar de la señora María Lina, la ofrenda se coloca en el corredor, junto a la puerta principal. Con más de 80 años de edad, la mujer llama a sus difuntos en náhuatl mientras sopla un copalero que desprende el humo característico del Xantolo sobre los alimentos.
“Ni mits tlapoxuilia, xiualaca xitacuaki, pansi, cafe uan tamali”, repite constantemente en su lengua materna. La frase se traduce al español como: “Les ofrendo, vengan a comer pan, café y tamales”.
María Lina recuerda a su difunto esposo, a sus padres y a otros seres queridos que, según la creencia, regresan durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre para convivir nuevamente con los vivos.
El Xantolo en Hidalgo no es simplemente la versión local del Día de Muertos, es la fiesta más significativa de la región Huasteca hidalguense y un pilar de la identidad cultural. Este vocablo proviene del latín “Sanctorum”, que significa “santos”, y se asimila al náhuatl como “Xantolon”, simbolizando la gran ofrenda de la fiesta de los muertos.
Para los pueblos originarios de Hidalgo, como los nahuas, otomíes y tepehuas, esta tradición es el momento cúspide del ciclo ceremonial agrícola y espiritual, marcando el retorno temporal de sus seres queridos difuntos.
El Xantolo se celebra principalmente en municipios como Huejutla de Reyes, Atlapexco, Huautla y San Felipe Orizatlán, y se vive como un acto de bienvenida, convivencia y regocijo. La creencia central es que, durante estos días, la barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos desaparece, permitiendo que las almas regresen a sus hogares para disfrutar de las ofrendas preparadas con tanto esmero.

La festividad comienza el 29 de septiembre, con el Día de San Miguel Arcángel, cuando simbólicamente se abren las puertas del cielo para que las almas comiencen su retorno a la tierra. Los días cumbre de la celebración son del 30 de octubre al 2 de noviembre, aunque en algunas comunidades las festividades se extienden hasta principios de diciembre.
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Los preparativos inician desde los últimos días de junio con la siembra de la flor de cempasúchil, utilizada en la decoración de altares. Las familias construyen grandes altares de varios niveles cubiertos con manteles bordados, ramas de plátano, palmas y petates. El elemento central es la comida y bebida favorita del difunto, y los productos de la reciente cosecha. Se ofrecen tamales, mole, pan de muerto, aguardiente, chocolate y los platillos especiales hechos con maíz y chileatole. La flor de cempasúchil guía a las almas con su color y aroma, mientras que las velas y el copal purifican el ambiente.
Un aspecto distintivo del Xantolo en Hidalgo es la música y las danzas. Los días 1 y 2 de noviembre, y en algunas comunidades hasta el 30, se llevan a cabo las comparsas conocidas como “La Viejada“. Los participantes, ataviados con máscaras de madera o cartón, vestimentas viejas y coloridas, y a menudo representando personajes como el diablo, la muerte o figuras de la vida cotidiana, bailan al ritmo de sones huastecos. Esta danza no solo es una burla a la muerte, sino también un rito de transición y alegría por la visita de los ancestros. Las cuadrillas recorren las calles, pidiendo cooperación y culminando con el baile en el cementerio.
El clímax de la festividad ocurre el 1 y 2 de noviembre. El día 1 se dedica a los niños difuntos (todos los santos), y el día 2 a los adultos (fieles difuntos). La jornada finaliza con la despedida de las almas, asegurando que regresen tranquilas a su lugar de descanso. Sin embargo, la festividad se prolonga con las “octavas” y “veintenas“, fechas en que se vuelven a colocar ofrendas más pequeñas. El Xantolo, en esencia, es un profundo recordatorio de que la vida y la muerte son ciclos continuos, y que la conexión con los ancestros permanece viva a través de la memoria y el ritual.
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