Al cerrar sus puertas el teatro El Progreso, a finales del último tercio del siglo XIX, se hizo necesaria la apertura de una nueva y más amplia sala de espectáculos, de allí que, hacia 1874, el empresario español Lorenzo Maquivar decidiera construir un nuevo teatro en la ciudad de Pachuca…

Al cerrar sus puertas el teatro El Progreso, a finales del último tercio del siglo XIX, se hizo necesaria la apertura de una nueva y más amplia sala de espectáculos, de allí que, hacia 1874, el empresario español Lorenzo Maquivar decidiera construir un nuevo teatro en la ciudad de Pachuca, cuyo proyecto se encargó al ingeniero Ramón Almaraz. Los testimonios fotográficos permiten corroborar que para 1878 la obra estaba muy adelantada —pues las imágenes mostraban que la obra negra estaba prácticamente terminada—; sin embargo, los altos costos de la construcción obligaron a sus constructores a diferir su conclusión.
Un lustro permaneció la obra abandonada hasta que, en 1881, el gobierno del coronel Simón Cravioto compró terreno y obra para continuar su edificación con diversas reformas concebidas por el arquitecto italiano Cayetano Tangassi, autor de la fachada de cantera realizada dentro de un estilo puramente clasicista, quien a su vez encargó la decoración de los interiores al escenógrafo mexicano Jesús Herrera y Gutiérrez.
El domingo 15 de enero de 1887, fue inaugurado por el gobernador Francisco Cravioto, con la celebración de una función de gala a cargo de la compañía de zarzuela Cid de León. A partir de entonces esta sala se convirtió en sede de los más importantes espectáculos artísticos montados en la ciudad de Pachuca, por su escenario desfilarían por más de 50 años artistas de la talla de Esperanza Iris, María Cantoni o Alfonso Ortiz Tirado y María Romero Malpica; cupletistas como Lupe Rivas Cacho y Celia Montalván e integrantes de afamadas compañías de teatro, ópera y zarzuela, sin olvidar las veladas literarias y musicales, así como los actos oficiales de los gobiernos estatal y municipal, tales como informes de gobierno y recepción de afamados hombres de la política, entre los que figurarían los presidentes Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón y Lázaro Cárdenas, entre otros.

En los anales de la historia del teatro figura que cuatro meses después de su inauguración, el 5 de mayo de 1887, el presidente Porfirio Díaz asistió a una función de gala, quien ese mismo día había puesto en marcha el nuevo sistema de alumbrado público en Pachuca mediante el llamado sistema eléctrico incandescente de pila voltaica.
Allí mismo sería recibido el presidente Madero el 28 de junio de 1912, quien desde el balcón central de su piso alto recibió las muestras de cariño de los pachuqueños. En ese espacio tenía su sede el congreso local, por lo que también recibió la visita de los presidentes Obregón, Calles, Cárdenas y Ávila Camacho.
Un viejo y buen amigo —Juan Álvarez, mejor conocido por su alias de El Marimbas— recordaba nostálgico que las tres puertas de la fachada principal en las calles de Matamoros daban paso a un foyer de regulares proporciones donde se ubicaba la taquilla; allí, a través de dos vanos interiores, se accedía a un vestíbulo, donde los espectadores se dividían para ingresar a los diferentes niveles: los que acudían al lunetario o palcos primeros lo hacían directamente por una gran puerta dispuesta en ese nivel, en tanto que quienes se dirigían a los palcos segundos, terceros o galería abordaban una escalera semicircular que conducía a los diferentes niveles, donde una serie de puertas permitían el acceso a los palcos.
El lunetario daba cabida a unas 400 sillas de bejuco que, al ser retiradas, dejaban libre un amplio espacio, ocupado en muchas ocasiones como sala de baile o como comedor y en alguna ocasión para alojar un ring de box; esta posibilidad quedó cancelada cuando se colocaron butacas fijas. A cada lado de la puerta principal se encontraba el acceso a los palcos primeros, que ocupaban de manera perimetral un espacio ligeramente más alto que el resto de la sala. Esta disposición se repetía en los tres niveles superiores —palcos segundos, terceros y galería—. Toda la decoración interior era de corte francés, realizada en madera y pilares de acero finamente acabados.
El foro de buen tamaño era precedido por un proscenio para la orquesta, delante del que se encontraba la concha para apuntador. La profundidad del foro permitía la caída de ocho telones, lo que facilitaba la presentación de varios cuadros de fondo.
La llegada del cine hizo su aparición en el Bartolomé de Medina hacia el año de 1906, cuando los señores José Bustamante y Valdés y Enrique Rosas lo alquilaron para exhibir películas de corto metraje, ya que fue hasta 1919 cuando se colocó una caseta para el cinematógrafo a la altura de los palcos terceros. Ahí los pachuqueños gozaron del séptimo arte con las actuaciones de cinematográficas de Lon Chaney Douglas Fairbanks y los estrenos de Santa, Así es mi tierra y otras muchas cintas más.
Pero el cinematógrafo propiciaría poco después que la empresa Cadena de Oro, propiedad de don Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente de República en ese entonces, demoliera el teatro Bartolomé de Medina en enero de 1943 para dar paso a una gran sala ubica en el conjunto conocido como edificio Reforma —inaugurada el 27 de octubre de 1944—, historia que se abordará en otra columna.
La fotografía que ilustra esta columna corresponde una imagen coloreada por inteligencia artificial de los interiores del teatro Bartolomé de Medina.
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