Este fin de semana celebramos el Día de Muertos. En Criterio, una comisión de reporteros, videógrafos, fotógrafos y presentadores nos trasladamos al norte de la entidad, donde se ubica la Huasteca, precisamente a Huejutla de Reyes

Este fin de semana celebramos el Día de Muertos. En Criterio, una comisión de reporteros, videógrafos, fotógrafos y presentadores nos trasladamos al norte de la entidad, donde se ubica la Huasteca, precisamente a Huejutla de Reyes.
En ese municipio, corazón de la Huasteca hidalguense, pudimos conocer las historias de las personas que año con año no abandonan sus tradiciones y conviven con sus muertos, como la tradición se los enseñó.
El primer día visitamos Chililico, una comunidad de Huejutla cuya mayoría de habitantes se dedica a la alfarería. Ahí, entrevistamos a la señora Vero, quien toda su vida la ha dedicado a este oficio. Nos contó cómo hornean el barro, lo que se gastan en agua para poder realizar la mezcla de lodo y la leña.
En su establecimiento expende artesanías de barro que ella misma crea, diseña y pinta. Al fondo del local, tenía un altar que había colocado para estas celebraciones. Contó que cada una de las candelas que había encendido son en honor a sus muertos. Con lágrimas en los ojos, dijo que siempre les prepara la comida que les gustaba para ofrendarla, es decir, ponerla en la ofrenda y posteriormente llevarla al panteón y convivir con sus muertos.
Dijo que las velas no se pueden apagar con las manos, “porque no podemos apagar su luz”; por ello, utilizan la flor llamada manita de león para apagar las velas. Así, esa luz ayuda a las almas a regresar a su camino.
Tras dialogar con ella, salimos de su establecimiento y caminamos por alrededor de 20 minutos. En esa comunidad, bajo un intenso calor, una lluvia ligera, pero de las que moja, se dejó venir. Así caminamos hasta encontrar una cuadrilla de las que bailan en estas fechas.
Congregados en una galera, decenas de jóvenes, adultos y niños disfrazados bailaban al son de la tambora para escapar de la muerte. Quienes se disfrazan, usan las máscaras “para intentar engañar a la muerte”, como marca la tradición.
Vestidos de payasos, quinceañeras, novias y hasta con las tradicionales ropas de la región, bailan en conjunto mientras la tambora suena y el zapateado se hace cada vez más intenso. La celebración del Xantolo es una fiesta que se vive a flor de piel, cada uno desde su manera.
Metros más adelante de la galera, se encuentra la panadería Hermanos Salguero, que desde 1945 ha horneado para el deleite de los lugareños. En esta temporada, lo único que producen es el pan de muerto, pero no el que tradicionalmente conocemos, sino aquel oriundo de aquella región.
Así, las carteras (rellenas de mantequilla), las mestizas y los bollitos son los panes que inundan las cestas y los altares de los huastecos que con mucha devoción compran para esta temporada.
El 2 de noviembre, la fiesta se vuelve todo un ritual. A las 12:00 de la tarde, es decir, al mediodía, las familias van a los panteones a ofrendar lo que colocaron en el altar. Así, llegan las mujeres con canastas en la cabeza llenas de comida.
El panteón de Chililico, Huejutla, se vuelve una fiesta total. Los aromas del copal y de las flores de cempasúchil inundan el ambiente. Es una fiesta de gozo, aunque hay quienes aún recuerdan con mucho dolor a sus seres queridos.
Las tumbas son limpiadas y tras encender el copal y purificar la comida, proceden todos a convivir. Purifican los alimentos y entonces empieza la fiesta, una gran comilona. Hay familias que han preparado el tapataxtle especialmente para esta ocasión. Se trata de un tamal grande, de unos 40 centímetros de largo, que es realizado especialmente para esta temporada. Lleva chile, cerdo y pollo.
Lo parten y comparten entre familiares. Por supuesto que no puede faltar el chocolate y el tradicional pan de muerto. Todos conviven, bajo un sol abrasador. La tambora y los tríos huapangueros no pueden faltar. Incluso hay quienes se animan a bailar huapangos sobre las tumbas y reconocen el sentimiento de festividad que inunda a esta tradición.
Las personas, a quienes somos ajenos, nos invitan a acercarnos, a comer de lo que han preparado, a convivir y departir de esta fiesta. Así, nos cuentan con orgullo cómo a través de los años han mantenido esta tradición y quieren no dejar perderla.
Es un orgullo para ellos el recordar a sus muertos. No escatiman en gastos para honrar su memoria. El panteón luce en tonalidades amarillas y guinda, típicas de las flores de cempasúchil y manita de león. De la música se oye cada son y los aromas abren el apetito. Apenas es mediodía y esta fiesta del amor y del recuerdo comienza.
Será hasta el 30 de noviembre cuando den por concluidas oficialmente las actividades del Xantolo en Huejutla. Hasta ese día, creen las personas, se van las almas de sus seres queridos. En tanto, la noche del 2 de noviembre, se encendieron 2024 candelas en honor al ánima sola, aquella que pena y que no tiene refugio; para ellos, el descanso eterno.
Esta tradición, sincretismo de la cultura prehispánica y la herencia de los españoles, llena de orgullo a Hidalgo. Es una tradición que se vive a flor de piel, con los cinco sentidos. Una que no debe dejar perderse y que mantiene arraigo entre la población. Es el Xantolo una fiesta del amor.
Ayer, en Pachuca, el alcalde Jorge Reyes anunció la creación de 40 nuevas rutas de recolección de basura y la puesta en marcha de 29 unidades recolectoras. Con ello se espera que se aumente el servicio de recolección en la capital y las calles luzcan más limpias. Hay que recordar que no todo es cuestión del gobierno, también nosotros como ciudadanos debemos aportar nuestro granito de arena y ello, en este caso, es sacar la basura a tiempo, esperar el camión recolector y, por supuesto, no tirar desechos en las calles. Así que es tarea de todos mantener limpia la capital del estado y, también, los municipios de nuestro querido Hidalgo.