Bastaba subirse a un taxi, sentarse a comer o llegar a la oficina para escuchar la misma pregunta: “¿Viste el partido?”

Durante seis semanas, todos vivimos en la misma sintonía. Bastaba subirse a un taxi, sentarse a comer o llegar a la oficina para escuchar la misma pregunta: “¿Viste el partido?”.
La verdad, qué buen respiro, el futbol tiene esa magia que la política nos quitó: junta en la misma mesa a quienes piensan opuesto, los pone a contener el aliento ante la misma jugada y los hace gritar el mismo gol.
Y en una sociedad que intentan dividir cada vez más, compartir un mes de emoción colectiva es un tanque de oxígeno necesario.
Sin embargo, el problema es lo que pasa cuando nos concentramos solo en eso.
Caímos de lleno en lo que Noam Chomsky identificó como la estrategia de la distracción, desviar el foco de los asuntos verdaderamente importantes manteniendo la atención ocupada en un entretenimiento constante.
Mientras contábamos pases y sacábamos cuentas para la clasificación, la realidad no hizo pausas comerciales. Las presiones sobre el T-MEC y la amenaza de revisiones anuales condicionaron el futuro del empleo, las nuevas reglas de la Ley de Economía Circular apretaron a comercios e industrias y los ajustes de Banxico redefinieron en silencio el costo de las tarjetas y los créditos de consumo. Pasó frente a todos nosotros, pero teníamos los ojos pegados al marcador.
El truco del poder no es esconder sus movimientos; es poner el reflector en otra parte. Cuando un espectáculo absorbe toda la conversación pública, la vigilancia ciudadana se relaja, y lo que nadie ve, nadie lo cuestiona; lo que nadie cuestiona, se aprueba en silencio; y lo que se aprueba sin problema, termina por normalizarse.
El Mundial ya se acabó. Nos quedan los recuerdos, los goles y la satisfacción de haber sido parte de una misma tribu por un rato. Valió la pena gozarlo, sin culpas ni disculpas.
Pero hoy amanecimos sin partido en la televisión. Se acabaron los 90 minutos y toca hacer lo más difícil: encender las luces, despejar la vista y voltear a ver el país que reposamos todos mientras estábamos entretenidos.
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