Parece un tema nuevo, pero no lo es. La reducción de la jornada laboral a un máximo de 40 horas semanales la ha impulsado la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde 1962, en su recomendación 116, en donde insta a los países a avanzar hacia esa meta, pero en México no hemos hecho caso porque el tema laboral ha estado en manos de grupos económicamente poderosos y de lo social poco se ha atendido, hasta los últimos años. Hidalgo padece este mismo mal de forma angustiante.

Parece un tema nuevo, pero no lo es. La reducción de la jornada laboral a un máximo de 40 horas semanales la ha impulsado la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde 1962, en su recomendación 116, en donde insta a los países a avanzar hacia esa meta, pero en México no hemos hecho caso porque el tema laboral ha estado en manos de grupos económicamente poderosos y de lo social poco se ha atendido, hasta los últimos años. Hidalgo padece este mismo mal de forma angustiante.
Recientemente está en la agenda nacional socializar este tema laboral, en el que los legisladores analizan con lupa las ventajas y desventajas de la reducción de la jornada diaria, a tal grado que toma fuerza y después se desvanece su impacto, pues son muchos los factores que se deben tomar en cuenta en el momento de tomar una decisión política debido a que Morena y sus aliados poseen los votos necesarios para aprobar legalmente estas modificaciones constitucionales que impactarían en todo el territorio nacional sin necesidad de los votos de la oposición, lo cual convierte al tema en doble responsabilidad.
En México, la discusión sobre la reducción de la jornada laboral surgió nuevamente desde 2022, cuando se propuso reformar el artículo 123 de la Constitución para establecer un máximo de 40 horas semanales de trabajo.
La nueva iniciativa presentada este 2024 en la Cámara de Diputados busca modificar las fracciones IV y II de los apartados A y B del artículo 123, para que los trabajadores disfruten de dos días de descanso por cada cinco días laborados. También incluyen hacer cambios a la Ley Federal del Trabajo, como ley secundaria y soporte de lo anterior.
Al asumir la presidencia de la República, Claudia Sheinbaum Pardo incluyó en sus 100 compromisos de gobierno impulsar la jornada laboral para reducir semanalmente las horas de trabajo a solo 40 horas, con dos días de descanso obligatorio.
Debido a que esta reforma laboral no fue aprobada por los diputados y senadores antes del 15 de diciembre de 2024, el proyecto tendrá que esperar hasta abril de 2025, cuando se abre el siguiente periodo ordinario de sesiones del Congreso mexicano.
La regulación de los tiempos de trabajo es una de las preocupaciones más antiguas en cuanto a legislación laboral. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ya a inicios del siglo XIX se había reconocido que trabajar durante largos periodos suponía un peligro para la salud de las personas trabajadoras y sus familias. El primer convenio adoptado en 1919 por la organización limitaba las horas de trabajo y establecía periodos de descanso adecuados para los empleados con el fin de garantizar la productividad en las empresas y, al mismo tiempo, cuidar la salud física y mental de los trabajadores.
Tiempos casi de esclavitud vivíamos por aquellos años, lo cual no ha cambiado mucho, por lo menos en algunas mentes retrasadas de patrones y altos mandos de la burocracia nacional y estatal, que suponen que los empleados están a sus órdenes y disposición sin miramientos, sin reclamos, sin derechos, pero obedecer ciegamente en circunstancias peores que las impuestas por la disciplina militar. Torturas auténticas se convierten estas prácticas iluminadas en mentes dañadas.
Sobre este tema, se han realizado parlamentos abiertos desde hace algunos años donde se insertan las voces de académicos, expertos, magistrados, empresarios, trabajadores y dirigentes sindicales y los participantes expresan libremente sus visiones, datos y propuestas.
En estos parlamentos abiertos llegaron varios expertos que aseguran que si trabajamos menos producimos más. Los empresarios de este país que llevan años diciendo que necesitamos producir más tienen buenas noticias: con la reducción de la jornada, vamos a producir más […] esa es otra de las bondades de la iniciativa. Y cuando ellos dicen que va a incrementar el costo en la nómina, este no rebasa el 2 por ciento del costo de los productos terminados a la venta del público. Estamos hablando de migajas para los empresarios. Para la burocracia necia también aplica, sin duda.
Respetar la cantidad de horas en el trabajo es clave para cuidar la salud y bienestar y este tema se ha puesto en discusión en nuestro país recientemente. No lo veamos lejano porque se discute en Ciudad de México, pues ya llegará su impacto en Hidalgo y no nos debe encontrar con los ojos cerrados y con la cabeza oculta.
La idea detrás de esta propuesta es ofrecer a los trabajadores un mayor equilibrio entre su vida laboral y personal, lo que puede conducir a una mayor satisfacción laboral y una mejor salud mental. Al tener más tiempo libre, se espera que los trabajadores puedan dedicar más tiempo a actividades recreativas, familiares y de autocuidado, lo que a su vez puede reducir el estrés y el agotamiento asociados con las largas jornadas laborales.
Al mejorar el bienestar de los trabajadores, se espera que la productividad y la calidad del trabajo también mejoren, lo que beneficiaría a las empresas en términos de eficiencia y rentabilidad. De los otros empleados, también aplica esta máxima.
En redes sociales, la ciudadanía se ha movilizado bajo el hashtag #YoPorLas40Horas como muestra de apoyo a la aprobación de la iniciativa. Esta no es la única que pretende brindar mejores condiciones de trabajo a los mexicanos. Recientemente, se realizó un cambio a la tabla de enfermedades de trabajo que incluye 30 tipos de cáncer de origen laboral, estrés grave y enfermedades como la endometriosis. Además, reciente se aprobó la Ley Silla para que quienes trabajan de pie puedan tomar descansos a lo largo de la jornada y evitar repercusiones a su salud. Esto confirma que los rasgos inhumanos de algunos no se quitan tan fácil por generación espontánea, sino que la ley debe obligar hacer cambios a los que se resisten. Veremos.