Sin embargo, hay también otra cara del gobierno estatal, que no prevé, no soluciona y deja pasar la oportunidad de oro para salvarle la vida a otras personas

José Raquel Badillo
Juan vive en una comunidad donde recientemente sufrió los estragos meteorológicos y su hogar tuvo daños considerables.
Está agradecido con la vida y con Dios, porque las pérdidas fueron solo materiales. Como jefe de familia, habló con su familia y les dijo: “Repararemos lo que haya que reparar, compraremos —de acuerdo con nuestras posibilidades— lo que tengamos comprar y continuaremos viviendo aquí”.
Días más tarde cambió de opinión, pues un geólogo y la autoridad estatal visitaron su comunidad y expusieron que la mejor solución era buscar una reubicación definitiva.
El gobierno ayudará a Juan y desde luego a las demás familias de esa demarcación. Hoy Juan sabe que, si reconstruye su hogar, quedará vulnerable por ser ya catalogado como zona de riesgo.
Enhorabuena por usar la lógica por mirar al futuro y prever soluciones.
Este escenario es el lado bueno del gobierno estatal —asesorado por Protección Civil y geólogos—, pues prevé y soluciona, además de que pretende evitar problemas sucesivos.
Sin embargo, hay también otra cara del gobierno estatal, que no prevé, no soluciona y deja pasar la oportunidad de oro para salvarle la vida a otras personas.
Digamos pues que la otra cara de la moneda está representada por la Secretaría de Infraestructura Pública y Desarrollo Urbano Sostenible (Sipdus), mejor conocida como Obras Públicas.
El tema en cuestión es este: en cada retorno de un bulevar debe de haber una bahía o un carril denominado carril de desaceleración que permita dar vuelta en “U” a baja velocidad.
Su diseño le permite a quien va a retornar que no frene bruscamente, sino que baje paulatinamente su velocidad.
Pero este bulevar no fue diseñado así, omitieron esas medidas primordiales, resulta ser una verdadera trampa mortal para quienes transitan por vez primera en dicho lugar, pues conducen a una velocidad considerable, sin saber que van a un retorno, y entonces cuando se percatan de que su objetivo no es retornar, sino continuar de manera directa, tampoco lo pueden hacer porque se encuentran de frente con el camellón. Entonces el conductor tiene tres opciones: uno: cambiar al carril de la derecha; dos, retornar bruscamente, pero es muy arriesgado porque va en un carril que consideraban no era de desaceleración y pueden perder el control, y tres: tratar de frenar, pero casi siempre no logran conseguirlo y terminan por subirse a la guarnición del camellón con su vehículo averiado.
En estos retornos los accidentes son tan recurrentes y por ende innumerables. La secretaría de vialidad municipal no me dejará mentir, pues han abanderado los referidos siniestros y supongo que llevan un registro para las estadísticas.
El bulevar aludido es el Santa Catarina y fue construido en la época de Fox. Aquí el actual gobierno no tiene culpa del garrafal diseño que originalmente posee.
Lo que sí puede representar responsabilidad futura —cuando menos moral—,porque hoy en día se está reconstruyendo de fondo, pero si no aprovechan esta oportunidad para subsanar su diseño, lo tendrá que hacer alguna otra administración —que posea sentido común— y realizar su corrección en un futuro, generará gastos más elevados de los que hoy pudieran erogarse porque hoy su reconstrucción es a fondo, pero, insisto, lo están dejando tal cual… de persistir el mismo diseño será de nueva cuenta una verdadera trampa mortal.
El tramo mal diseñado se ubica del semáforo del fraccionamiento Pitahayas al semáforo que entronca con el bulevar Ramón G. Bonfil.
Tengo un temor sustentado, que Obras Públicas del estado haga caso omiso a esta advertencia, pues su titular ha negado dar audiencia a quien esto escribe para advertirle las omisiones de esa dependencia.
Y es que esa secretaría ha cometido un sinfín de yerros, unos tan simples que carecen de lógica. Por normatividad, antes de llegar a un crucero de bulevares la línea que divide los carriles obligadamente debe de ser continua cuando menos 100 metros antes para obligar a los conductores a tomar el carril correspondiente oportunamente. ¡En muchos bulevares no es así!
Otro error garrafal sin duda fue el diseño en la creación de un estacionamiento frente a la Clínica 36 del IMSS. Obras Públicas lo construyó para que se estacionaran de manera lineal o en cordón; sin embargo, la gran demanda obligó a los usuarios a estacionarse en batería. El resultado es caótico, como no fue diseñado para estacionarse en batería y como se estacionan camionetas largas da por resultado que de los dos carriles supuestamente quedarían para la vialidad solo queda un carril y medio, lo que sigue generando ahí un cuello de botella. La solución consiste en quitar la banqueta adoquinada para ganar espacio y liberar completamente el flujo de dos carriles.
DICE RACHY: No se trata de exhibir omisiones, más bien, de evitar amargos trances a los automovilistas de paso, susceptibles a accidentarse.
Mi sentida condolencia a amigos y familiares del colega periodista Juan Ricardo Montoya Benítez, por su irreparable pérdida. QEPD.
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