Estos son los recuerdos que llegan de aquella tarde noche del jueves 12 de octubre de 1972, cuando, en medio de una pertinaz lluvia, nacía el Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas.

Aquel jueves 12 de octubre del ya lejano 1972 —hace 53 años—, una pertinaz llovizna empezó a caer sobre la ciudad de Pachuca, desde poco antes de 5 de la tarde, mientras la neblina ocultaba los emblemáticos cerros de San Cristóbal y La Magdalena, condición que no impidió la celebración de la ceremonia inaugural del Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas (Cehinhac).
Sus fundadores constituían un grupo verdaderamente abigarrado debido a la edad de sus integrantes. Raúl Guerrero, Héctor Samperio y Julio Ortega eran la voz de la experiencia y la sabiduría, en tanto que la madurez y entusiasmo se integraba con Luis Rublúo, Ignacio Bocardo, Arturo Herrera y Miguel Ángel Granados Chapa; finalmente, Luis Corrales, Edgardo Guerrero, Arnulfo Nieto, José Vergara y Juan Manuel Menes representaban en ímpetu de la juventud deseosa de emprender la gran tarea de rescatar la historia del estado de Hidalgo.
Esa mezcla de edades fue precisamente la que posibilitó que aquella institución se convirtiera, como señalara Arturo Herrera Cabañas, en “el fermento de la cultura hidalguense”, pues en menos de cinco años publicó más trabajos sobre la historia del estado de Hidalgo que todos los realizados en los 103 años que entonces cumplía esta entidad dentro del pacto federal y logró el reconocimiento de instituciones académicas como las universidades de Austin, en Texas; Berkeley, en California; Albuquerque, en Nuevo México, y sin faltar el de la UNAM, la Universidad Iberoamericana, la Academia Nacional de Historia y la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, entre otras.

El reconocido periodista pachuqueño Miguel Ángel Granados Chapa escribió más tarde: “Eran un puñado de profesionistas escondidos entre los libreros de su biblioteca y las cátedras de la ya entonces Universidad de Hidalgo, que no tardaron en revolucionar la cultura del estado”.
La ceremonia fue encabezada por el presidente de la Academia Nacional de Historia Regional y representante de la Academia Potosina de la Historia, don Rafael Montejano y Aguiñaga, quien fungió como padrino del Cehinhac; el gobernador Manuel Sánchez Vite envió como su representante al oficial mayor de Gobierno, César Vieyra Salgado. Minutos después de las 6 de la tarde dio inicio la ceremonia celebrada en la majestuosa capilla de Nuestra Señora de la Luz, donde se dieron cita unas 50 personas, entre las que recuerdo a personajes como el profesor Héctor Valdelamar Frank, los abogados Domingo Franco Sánchez, Agustín Cerón Flores y Javier Romero Álvarez; el poeta Genaro Guzmán Mayer —en silla de ruedas—, el profesor Antonio Chávez Ibarra, los doctores Gilberto Quiroz Bravo y Esperanza Ortega y el periodista Anselmo Estrada Albuquerque y otros personajes de esa talla.
La sesión inició con el agradecimiento a la presencia de los invitados a cargo del profesor Raúl Guerrero, primer presidente del Cehinhac; en su extraordinario discurso, enlazó la histórica fecha del 12 de octubre con el nacimiento de nuestra institución, a quien siguió Luis Rublúo, quien hizo un extraordinario repaso de los cuatro siglos de historiografía que nos precedían entonces y todo terminó con el magistral discurso del potosino Rafael Montejano y Aguiñaga. Aún resuenan en mis oídos sus palabras iniciales: “De la provincia vengo, de una ciudad que como la vuestra debió su origen a la sed del oro y la plata…”.
Un balance de lo alcanzado por el Cehinhac, en poco más de una década, permite aquilatar el trabajo de sus integrantes: 10 números de su revista oficial Teotlalpan, tres libros dentro de la colección Ortega Falkowska, seis robustos volúmenes de su revista Toltecáyotl, siete volúmenes dentro de la colección Popular, colaboración con la Enciclopedia de México en los temas relacionados a Hidalgo, media centena de artículos en revistas especializadas, como el boletín de la Academia de Historia Regional, el boletín de la Academia Nacional de Historia y la publicación de 60 volúmenes en la colección Cehinhac-Gobierno del Estado; tres simposios de historia hidalguense, realizados en unión de la Academia Nacional de Historia; el rescate del Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado, la celebración de 21 sesiones académicas con las asistencia de intelectuales, como Othón Lara Barba, Rafel Aguayo Spencer, Francisco Monterde, Richard Millet, Woodrow Borah y Sherburne F. Cook, Lino Gómez Canedo, entre otros. Cuando en 1989 llegaba a su fin aquella organización, sus integrantes habían publicado en diversas instancias 209 libros de historia hidalguense y sus integrantes destacaban en diversos encargos académicos o culturales y continuaron por largo tiempo como referentes en el rescate y preservación del patrimonio histórico de la entidad.
Ya 53 han quedado en el camino, Arturo Herrera Cabañas, Raúl Guerrero Guerrero, Héctor Samperio Gutiérrez, Arnulfo Nieto Bracamontes, Ignacio Bocardo López, Miguel Ángel Granados Chapa, Julio Ortega Rivera y Luis Rublúo Islas, a los que se agregan otros que ingresaron poco tiempo después, Juan Manuel Plowes Ibáñez, Efrén Meneses Villagrán, Víctor Manuel Ballesteros García y Nicolás Soto Oliver.
Estos son los recuerdos que llegan de aquella tarde noche del jueves 12 de octubre de 1972, cuando, en medio de una pertinaz lluvia, nacía el Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas. Ilustra este articulo el logotipo y lema de ese el más importante organismo creado en los últimos 50 años en el estado de Hidalgo.
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