María del Rosario Ibarra de la Garza fue la primera mujer candidata a la presidencia de la República por el extinto Partido Revolucionario de los Trabajadores (1982 y 1988); con ello hace su incursión en la política mexicana con la convicción de que desde esos espacios podría encontrar palestra para su voz, una voz que había recorrido las plazas públicas, las oficinas de gobierno, los cuarteles militares exigiendo la aparición con vida de su hijo Jesús Piedra Ibarra, quien había desaparecido en 1974, después de ser señalado de pertenecer a un grupo guerrillero de orientación comunista: la Liga Comunista 23 de Septiembre.

María del Rosario Ibarra de la Garza fue la primera mujer candidata a la presidencia de la República por el extinto Partido Revolucionario de los Trabajadores (1982 y 1988); con ello hace su incursión en la política mexicana con la convicción de que desde esos espacios podría encontrar palestra para su voz, una voz que había recorrido las plazas públicas, las oficinas de gobierno, los cuarteles militares exigiendo la aparición con vida de su hijo Jesús Piedra Ibarra, quien había desaparecido en 1974, después de ser señalado de pertenecer a un grupo guerrillero de orientación comunista: la Liga Comunista 23 de Septiembre.
El activismo político de la señora Rosario Ibarra la coloca como un emblema en México de la lucha por la defensa de los derechos humanos, en particular de las personas víctimas de desaparición forzada, acontecida durante los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.
La relevancia de su activismo se centra en que surge y se mantiene en un contexto de extremo control sobre las voces disidentes. Con valor y sin descanso lideró su lucha y la de otras mujeres (hubo hombres, pero prioritariamente mujeres) familiares de presos políticos o desaparecidos.
El legado de doña Rosario Ibarra es incuestionable.
Viene a cuenta resaltarlo en momentos en los que en el Senado de la República se lleva a cabo el proceso para la designación de la persona titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, actualmente presidida por Rosario Piedra Ibarra, hija de la activista y política de izquierda quien murió a los 95 años apenas este 2022.
Hemos sido testigos de la controversia que rodea el proceso de selección de la persona titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para el periodo 2024-2029, que tiene lugar en el Senado.
Este proceso inició con la publicación de la convocatoria el 11 de octubre pasado. A partir de la publicación de la convocatoria, el Senado recibió la documentación de 66 personas que se postularon para participar en el proceso, originarias de 19 entidades federativas, de las cuales 24 son mujeres y 42 hombres.
Pero solo 48 personas cumplieron con los requisitos de elegibilidad: 20 mujeres y 28 hombres.
El 22 de octubre de 2024 se llevó a cabo un ejercicio de parlamento abierto con la participación de los integrantes de las Comisiones Unidas de Derechos Humanos y de Justicia y organizaciones de la sociedad civil, personas defensores o promotoras de los derechos humanos, académicos y activistas.
Los días 24, 25 y 26 de octubre se llevaron a cabo las comparecencias públicas de 47 de 48 candidatos (una persona declinó) que cumplieron con los requisitos.
Es de resaltarse que varios senadores y senadoras integrantes de ambas comisiones, y no solo ellos, sino también actores sociales involucrados, destacan lo que consideran como un afortunado proceso llevado a cabo con pulcritud, hasta la determinación de la terna descrita en el dictamen que fue votado y aprobado en la sesión del pasado miércoles 6 de noviembre.
La crítica a la terna propuesta se centra particularmente en la inclusión de Rosario Piedra Ibarra junto a dos de los perfiles mejor evaluados, pero para lo cual eliminaron a quien tenía la segunda mejor ponderación.
Ante la exigencia de aclaración de por qué Rosario Ibarra, siendo el perfil peor evaluado, ocupaba un lugar en la terna en detrimento de Tania Ramírez Hernández, segunda mejor ponderada, el presidente de la Comisión de Justicia, Javier Corral Jurado, explicó que en cuanto hace a la comisión que preside se eligieron en primera instancia a 12 perfiles. De ahí surgieron cinco perfiles que incluían a las tres mejor evaluadas: Nashieli Ramírez Hernández, Tania Ramírez Hernández y Paulina Hernández Diz, en ese orden de prelación.
Expuso, además, lo que describió como dos procesos llevados de forma paralela: uno, el proceso técnico en función de los indicadores, el ya descrito y otro, el proceso político de búsqueda de acuerdos y de consensos. Claramente, dijo: “Estamos en el Congreso, donde se administran no solamente causas, sino intereses.”
Solo que la convocatoria establece claramente en su base tercera:
“En caso de que la actual presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos decida participar en el proceso, en términos de lo establecido en el artículo 102, apartado B, séptimo párrafo de la Constitución, en ejercicio de su derecho a ser considerada para un segundo periodo, podrá registrarse formalmente en el plazo en el que se encuentre abierta la presente convocatoria, comparecer en igualdad de condiciones que las demás personas candidatas; y de ser considerada para ocupar el cargo un periodo más, durará en su responsabilidad cinco años y solo podrá ser removida de sus funciones en los términos del título cuarto de la Constitución.”
Incluirla de manera directa en la terna la coloca en condición de privilegio, por encima de las demás personas candidatas. Si la querían sí o sí en la terna, debieron preverlo en la convocatoria para saber que todo el proceso de selección que de manera esforzada hicieron era para proponer un par, no una terna. La candidata con la segunda mejor ponderación, Tania Ramírez Hernández, resulta ser la mayormente afectada en esta sorpresiva definición de la terna.
La designación para el cargo de la actual presidenta de la comisión, hace cinco años, tuvo señalamientos de ilegalidad al no alcanzar en el pleno la votación requerida y ser designada a pesar de ello. El ejercicio de su función ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha sido cuestionado con base en datos y evidencias. Hoy su inclusión en la terna para lo que, en su caso, sería reelección se señala como una trasgresión al procedimiento.
Parece un exceso que aparenta tener nada más que respeto y consideración por su madre, doña María del Rosario Ibarra de la Garza.
En la sesión de la Comisiones Unidas de Derechos Humanos y Justicia, durante la discusión del dictamen que contenía la terna, algunos senadores del grupo parlamentario mayoritario expresaron que el proceso no terminaba ahí, que será el pleno quien designe de entre la terna propuesta a quien habrá de ocupar la presidencia. Que la votación será por cédula (a través de una papeleta colocada en una urna). Que en el pleno votarán en conciencia.
Surgen algunos cuestionamientos: ¿por qué la eliminación de Tania Ramírez, segundo lugar en ponderación y no de Paulina Hernández, tercera en la lista? ¿Es la inclusión de Rosario Ibarra un distractor para que al ser designada Nashieli Ramírez todos respiremos aliviados y nadie cuestione su propia cercanía con la presidencia de la República?
Y esta pregunta es para Rosario Ibarra Piedra; quien cuestionaba era doña Rosario Ibarra, su madre:
“¿Qué pasaba por las mentes de esos seres que se aferraban al poder sin importarles los medios para hacerlo? ¿Por qué, una vez que llegaban a él, no se preocupaban por las condiciones de vida de sus coterráneos?”
Rosario Ibarra
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