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Hace (10) meses

Día del Abogado: vocación de justicia en tiempos de violencia

El ejercicio del Derecho debe ser un ejercicio de conciencia. Implica colocarse frente al dolor de los demás con empatía y valentía.

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Berenice Estrada

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El sábado pasado fue Día del Abogado y, como cada año, esta fecha representa una oportunidad para reflexionar, más allá del reconocimiento o las felicitaciones, sobre el profundo compromiso que implica ejercer el Derecho en un país herido por la violencia. Como autora, no me canso de señalar, porque no podemos permitirnos normalizarlo, que México atraviesa una crisis de violencia que se ha vuelto cotidiana, pero no por ello menos dolorosa. Y tampoco me canso de repetir que sigue vivo el sueño, hoy más urgente que nunca, de construir una sociedad con paz, justicia y dignidad para todas las personas.

Cada día que pasa sin justicia, se prolonga la impunidad. Cada vida perdida en manos del crimen, cada víctima ignorada, cada caso archivado es una herida que sangra no solo a las familias, sino a la nación entera. En este contexto, ser abogada o abogado no debe entenderse como un privilegio profesional, sino como una responsabilidad ética y social de primer orden. La abogacía no es una vía para el poder, sino una herramienta para equilibrarlo; no es un título, sino una vocación al servicio del bien común.

El ejercicio del Derecho debe ser un ejercicio de conciencia. Implica colocarse frente al dolor de los demás con empatía y valentía. En tiempos donde la violencia parece ocupar los espacios que deberían corresponder al diálogo, el papel de los abogados se vuelve crucial: no solo como defensores legales, sino como agentes de paz. La ley no puede seguir usándose como escudo de intereses particulares o como obstáculo burocrático. Tiene que ser una vía real de acceso a la justicia.

La situación reciente en distintas regiones del país, incluyendo Hidalgo, que no ha estado exento de casos alarmantes de inseguridad, feminicidios, desapariciones y violencia armada, nos recuerda que el tejido social está dañado. Es por ello la necesidad urgente en las escuelas de Derecho de formar nuevas generaciones de juristas con una mirada crítica, sensible al entorno social, y profundamente ética. La formación legal no puede centrarse únicamente en el conocimiento técnico. Debe reforzar la enseñanza de valores como la responsabilidad social, la justicia con perspectiva de género, el respeto a los derechos humanos y, sobre todo, la integridad profesional.

La ética jurídica no es un accesorio del Derecho, es su columna vertebral. Un abogado sin ética puede ser hábil, pero nunca justo. Puede ganar juicios, pero no causas. Puede ascender, pero no construir. En cambio, un abogado ético es aquel que se niega a usar su conocimiento para dañar, que comprende el poder de la palabra jurídica y lo pone al servicio de la verdad, que rechaza las prácticas corruptas y que entiende que cada decisión tomada desde un escritorio puede cambiar, para bien o para mal, la vida de una persona o una comunidad.

Sabemos que la violencia no se combate solo con fuerza pública, se combate también con educación, justicia y verdad. Y desde el ejercicio del Derecho se tiene el privilegio, y la obligación, de ser parte de esa transformación. Hoy más que nunca necesitamos abogadas y abogados que no se vendan, que no se doblen, que no callen. Que hagan de su pluma y su voz herramientas de resistencia ante la injusticia. Que comprendan que la paz no se decreta, se construye, y que, para ello, el Derecho puede ser el cimiento o la demolición. 

Que este Día del Abogado no haya quedado solo como una efeméride en el calendario, sino como un recordatorio permanente del rol indispensable que tenemos los abogados en la defensa del Estado de Derecho y en la construcción de un México en paz. Porque sin ética no hay justicia, sin justicia no hay paz, y sin paz no hay futuro.

Y desde aquí, mi reconocimiento y felicitación sincera a todas y todos los abogados que ejercen su labor con orgullo, profesionalismo y profunda vocación por la justicia. A quienes no usan la ley como escudo, sino como puente; a quienes creen que la justicia no es un ideal lejano, sino una tarea diaria. Gracias por su trabajo y por seguir creyendo en un país más justo.

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