La primera semana de julio, Tula de Allende fue testigo de un retorno inquietante de la violencia armada. Entre balaceras y mensajes en cartulinas con mensajes, la violencia continúa.

Berenice Estrada
La primera semana de julio, Tula de Allende fue testigo de un retorno inquietante de la violencia armada. Entre balaceras y mensajes en cartulinas con mensajes, la violencia continúa.
Como oportunamente se informó en Criterio, la respuesta de las autoridades ocurrió sin dilación. El Mando Coordinado, integrado por Policía Estatal, Guardia Nacional y Ejército, actuó de inmediato, y el secretario de Seguridad acudió al lugar para supervisar la operación. Poco después se activó un dispositivo de contención.
¿Por qué ya no podemos quedarnos callados? Porque aceptar que estos eventos sean “otra balacera más”, resignados ante la lógica del miedo, es ceder el terreno a la delincuencia. La vida en sociedad no puede normalizar la violencia.
Tula no es un caso aislado: en tantos rincones de México, los grupos delictivos han logrado incrustarse donde había abandono, desigualdad e impunidad en lugares sin presencia del Estado real. Pero si la autoridad responde con acciones y la ciudadanía acompaña con respaldo, el control y la esperanza pueden retomar terreno.
Hoy tenemos una urgencia que este hecho no sea noticia de un día más ni se diluya en estadística, es necesario ver acciones concretas: operativos periódicos, resultados judiciales, apoyo a comunidades vulnerables. Es posible revertir las condiciones que alimentan al crimen; combatir la pobreza, impulsar educación y empleo y fortalecer la convivencia comunitaria.
Tula de Allende demanda respuestas reales, no simples discursos. El gobierno ha actuado y las instituciones, aunque con sus limitaciones, han respondido. Sin embargo, nosotros también tenemos una responsabilidad: exigir, participar, no resignarnos. La vida en comunidad exige eso y mañana podría ser tu calle, tu colonia, tu familia la afectada.
Porque si queremos un Tula de Allende y un Hidalgo distinto, necesitamos que la comunidad recupere sus calles, sus espacios, su palabra. Porque donde hay cultura hay vida. Y donde hay vida, la violencia retrocede. Como ciudadanía, tenemos más poder del que creemos. La organización vecinal, la vigilancia comunitaria, la denuncia responsable, la educación en casa y sobre todo el tejido social vivo son armas legítimas contra el crimen.
¿Y qué fortalece ese tejido? La cultura.
La cultura entendida como todo aquello que nos conecta: el arte, la palabra, la música, la historia local, el deporte, el cuidado de nuestras tradiciones. Una comunidad que se expresa es una comunidad que no se aísla. Y el aislamiento es el primer terreno fértil donde crecen la apatía y la violencia.
Que los centros culturales, casas de la cultura, bibliotecas y escuelas no sean silenciosos edificios, sino hervideros de diálogo, talleres, círculos de lectura, teatro comunitario, proyecciones y foros de expresión juvenil.
Que las canchas y parques se llenen de niñas y niños jugando, adolescentes creando y adultos enseñando.
Estas no son fantasías románticas. Son acciones concretas que ya han funcionado en otras ciudades con historias similares. Medellín, en Colombia, logró disminuir su índice de homicidios en parte gracias a un modelo de intervención basado en el arte, la movilidad y la apropiación del espacio público. ¿Por qué no Hidalgo también?
Tula no puede aceptar el estigma de ser una ciudad peligrosa o dividida. Tula es historia, es tradición, es trabajo. Y para proteger eso, hay que contarlo, hay que recordarlo, hay que gritarlo.
¿Qué tal si este mes nos organizamos? Una jornada de arte urbano, de música, de lectura en voz alta, de charlas con policías comunitarios, de pintura de bardas, de limpieza colectiva, de cine al aire libre. Un pequeño acto simbólico que diga: esta calle no se rinde. Así como las iniciativas de los jóvenes en el jardín con su rincón del desahogo. Eso es lo que se aplaude y se fomenta.
Un joven que es escuchado, que tiene con quién hablar, que siente que pertenece a un proyecto común, difícilmente encontrará en la violencia una alternativa.
Ya no basta con indignarnos desde la comodidad del hogar o de redes sociales. Hay que salir. Organizar. Proponer. Participar.
No más silencio. No más resignación.
Acción. Cultura. Comunidad. Ese es el camino. Ese es el mensaje
-¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH