El último trayecto de la calle Vicente Guerrero en Pachuca abarcaba el tramo extendido desde Francisco Díaz Covarrubias, por el norte, hasta el inicio de la avenida Juárez, por el sur, donde se encontraban la estación y patios de del ferrocarril Hidalgo…

El último trayecto de la calle Vicente Guerrero en Pachuca abarcaba el tramo extendido desde Francisco Díaz Covarrubias, por el norte, hasta el inicio de la avenida Juárez, por el sur, donde se encontraban la estación y patios de del ferrocarril Hidalgo —hoy todo aquel conjunto forma la plaza Juárez—. A pesar de que en aquellos días subsistían muchas casas-habitación en este tramo, en los 40 y 50 surgieron algunos negocios que prolongaron la fama comercial de esta arteria.
El primer negocio en la acera oriental esquina de las calles Guerrero y Covarrubias fue La Marítima, tienda y cantina atendidos por don José Vergara y su hijo de igual nombre y apellido. Se cuenta, esta última era la preferida por el poeta Genaro Guzmán Mayer y sus amigos. Enseguida, en un pequeño local, se hallaba un negocio especializado en reparar calzado —entonces era frecuente cambiar suelas y tacones a fin de prolongar la vida del calzado—; a la muerte del zapatero, el local fue ocupado por una taquería de sabrosas carnitas de puerco que permaneció en ese lugar por más de 20 años.
La siguiente negociación era La Casa Barba, comercio de ropa y zapatos de la afamada marca jalisciense Canadá, atendido por la diligente familia Barba —entiendo, originaria de la Perla Tapatía—, negocio que pronto se convirtió en uno de los más prósperos de esta importante arteria; a continuación, se ubicaba la casa-habitación del dueño de la tienda
El Lazo Mercantil, ubicada en el cruce de Ocampo y Morelos, considerado como el giro más antiguo que subsiste en Pachuca, casa que colindaba con un local muy amplio, pues contaba con cinco puertas, donde se estableció por algunos años la Ferretería Bustamante, que intentó arrebatar la hegemonía del ramo a la Casa Tellería, lo que indiscutiblemente nunca sucedió; esta negociación se especializó en la venta de loseta para pisos, muebles de baño y cocina, así como enseres diversos para la construcción, logrando la distribución exclusiva de algunas marcas, pero pronto los gastos fueron superiores a los ingresos y se vio obligada a cerrar.
Fue a finales de los 60 cuando tras el cierre definitivo de la Ferretería Bustamante se demolió aquella construcción y en su lugar se levantó un edificio de departamentos en cuya planta baja se alojaron diversos comercios, entre ellos la farmacia Arellano, una de las más surtidas de Pachuca, y la distribuidora de la afamada marca de ropa Robert’s, atendida por don Enrique Ángeles, mejor conocido como el Frutas, empedernido animador de la porra del equipo de futbol Pachuca, quien años después abrió enfrente de este negocio una reconocida taquería.
Más adelante se tendía una larga fachada sede hasta los años 90 de la delegación federal de Recursos Hidráulicos, sitio donde después se estableció una sucursal del restaurante Mirage y actualmente varios comercios de ropa; a continuación se hallaba la afamada panadería La Flor de Pachuca, reconocida por su extraordinaria bizcochería, y enseguida, ya en la esquina, desde donde se desplataba la avenida Juárez —hoy también plaza— se encontraba la lonchería La Luz Roja, uno de los más antiguos comercios de la cuidad, famosa desde siempre por sus ricas tortas compuestas y sus chipotles en vinagre.
La otra acera tenía menos comercios, destacaba frente a La Marítima el Kikos, tienda de deportes que se trasladó a este sitio por ahí de 1953 —antes estuvo frente al mercado Barreteros—; enseguida, una enorme puerta daba acceso a otra populosa vecindad franqueada por una tienda de ropa y una zapatería.
Famosa fue en este tramo de la calle Guerrero la gasolinera y taller de servicio automotriz propiedad de la familia Rivero Solana, que funcionaba con las siglas RIVEUR SA —ubicada donde actualmente se encuentra la plaza El Dorado—, seguida de diversos negocios de venta de lubricantes y refacciones automotrices que se extendían por toda la planta baja de la que fue casa del acaudalado José de Landero Cos, en cuyos interiores se alojaron el Instituto Hidalguense de Bellas Artes, hasta 1957, y las oficinas del Comité Directivo Estatal del PRI, hasta 1974. En la esquina de este edificio con acceso por el lado de los portales se encontraba la tienda de abarrotes llamada La Económica, atendida, según me cuenta Sara Montes, la cronista de la ciudad —ella vivió muchos años enfrente—, por el señor Ángel Suárez; en este negocio se expendían unas sabrosísimas paletas de la marca Bambino.
No cuento en mi acervo con fotografía alguna de la calle Guerrero en este último tramo, solo esta placa que capta los portales de la casa del señor Landero y Cos, sitio donde terminaba esa arteria; la fotografía corresponde a mediados de los años 40 del siglo anterior y en ella puede verse aún al policía de vialidad dirigiendo el tránsito vehicular, encaramado en un banquito.
Con esta nota, terminamos nuestro periplo por la calle Guerrero de los años 50, viaje que el cronista minero de Pachuca, Ramón Santamaría, denominó con el curioso verbo “guerrerear”, que era uno de los recorridos predilectos de aquellos años.
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