Donde hoy se encuentra el ingreso al estacionamiento subterráneo de la plaza Independencia, existió desde el último tercio del siglo XIX el bellísimo teatro Bartolomé de Medina. Su construcción fue iniciada por el rico empresario español Lorenzo Maquivar, quien encargó al ingeniero Ramón Almaraz el proyecto estructural que luego fue revestido en cantera finamente tallada bajo la dirección del arquitecto italiano Cayetano Tangassi, en tanto que la decoración interior fue encomendada al escenógrafo mexicano Jesús Herrera y Gutiérrez.

Donde hoy se encuentra el ingreso al estacionamiento subterráneo de la plaza Independencia, existió desde el último tercio del siglo XIX el bellísimo teatro Bartolomé de Medina. Su construcción fue iniciada por el rico empresario español Lorenzo Maquivar, quien encargó al ingeniero Ramón Almaraz el proyecto estructural que luego fue revestido en cantera finamente tallada bajo la dirección del arquitecto italiano Cayetano Tangassi, en tanto que la decoración interior fue encomendada al escenógrafo mexicano Jesús Herrera y Gutiérrez.
Esta catedral del espectáculo pachuqueño fue inaugurada el domingo 15 de enero de 1887, con la asistencia del gobernador Francisco Cravioto a una función de gala en la que se presentó la compañía de zarzuela Cid de León. Cuatro meses después, el 5 de mayo de 1887, sería reinaugurado por el presidente Porfirio Díaz, quien ese mismo día había puesto en marcha el nuevo sistema de alumbrado público en Pachuca mediante el sistema eléctrico incandescente de pila voltaica.

La primera fotografía corresponde a un grabado de principios del siglo XX, en el que puede apreciarse la fachada neoclásica de aquel edificio, en cuya planta alta se ubicó por más de medio siglo la Legislatura y los primeros pasos de la biblioteca del estado —hoy Ricardo Garibay—. Por su escenario desfilaron los más reconocidos actores de teatro, ópera y zarzuela y ya convertido en pantalla cinematográfica conoció de los primeros estrenos del cine mudo y después del sonoro.
Las butacas del lunetario y de las plateas y palcos dieron también asiento a un crecido público asistente a peleas de box, a quermeses, fiestas de Covadonga y actos políticos hasta enero de 1943, cuando la implacable picota oficial lo demolió para dar paso a una espantosa construcción de cemento y viguetas de acero, conocida como cine Reforma —adefesio que tal fue el nombre que se propagó mientras existió— que abrió sus puertas el 27 de octubre de 1944. Para fortuna de los pachuqueños fue demolido en 1978.
