Treinta y dos años de autonomía electoral
 
Hace (17) meses
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Guillermo Corrales
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Y pensar que hace menos de medio siglo, las elecciones las organizaba una Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación.

Eran los tiempos del partido hegemónico, de un control total respecto de las decisiones de quienes organizaban los procesos democráticos y en donde la oposición no encontraba voz y mucho menos claridad, en las reglas y en los procedimientos a partir de los cuales se renovaba el poder público en México.

Esto, tuvo su punto de inflexión en la elección presidencial de 1988 y una de sus consecuencias fue la reforma constitucional en materia electoral de los años 1989 y 1990, en donde además de crearse el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), nace el árbitro autónomo denominado Instituto Federal Electoral (IFE), hoy Instituto Nacional Electoral (INE).

Con esto, inició el camino hacia la ciudadanización de las elecciones, lo cual continuaría con las reformas de 1996 y, especialmente de 2014, al crearse el sistema nacional de elecciones. Con la autonomía del órgano electoral respecto del poder constituido, se comenzaron a dar estos primeros pasos hacia una democracia más participativa, más real y ciudadana.

A 32 años de este logro, primero de la oposición de ese entonces y hoy un logro de la ciudadanía, en México presenciamos el fin del partido hegemónico y múltiples y muy diversas transiciones pacíficas del poder, desde el ejecutivo federal, pasando por los congresos federal y locales, gubernaturas y ayuntamientos.

Luego de más de tres décadas, el INE es la institución civil con mayor confi anza del Estado mexicano y no lo digo yo, sino el propio país a través de la Encuesta de Cultura Cívica (Encuci) de 2020 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Menudo dato, consultable en: https://bit.ly/3CU18yQ

Hoy, nuestro país vive elecciones competidas y libres gracias a la autonomía de los árbitros electorales que entregan a la ciudadanía y al país un padrón electoral, lista nominal y documentos confiables y actualizados; una seria fiscalización de los recursos de los partidos políticos; certeza en la ubicación de las casillas, que además son integradas en su totalidad por la ciudadanía, entre muchas otras bondades. En suma, elecciones confiables. Llegar a este escenario nos ha tomado tres décadas, no solo a las y los actores políticos, sino a la ciudadanía, a quienes hemos sido parte de la construcción de la democracia que tenemos, que es perfectible, pero con la responsabilidad histórica que merece.

La autonomía de quien organiza las elecciones y expide el documento de identificación nacional que permite votar, es decir, la credencial para votar, son baluartes de varias generaciones de patriotas que han puesto todo lo que ha estado a su alcance para que hoy tengamos normalizado contar con el poder de decidir el rumbo político y público de nuestra comunidad a través del voto verdaderamente libre. Hay muchos retos que enfrentar, pero este es el camino correcto.

Que viva la democracia que seguimos construyendo y perfeccionando.

Guillermo Corrales

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