Imagen: María Luisa Pérez Perusquía
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Hace (1) meses

Las niñas y niños y la adicción digital

Niñas y niños pegados a la pantalla, en detrimento de su inteligencia emocional y social. Así encontramos pequeñitos de tres años de edad incapaces de relacionarse con su entorno, que no pronuncian palabra, que no son capaces de reaccionar a las demostraciones de afecto de sus cercanos.

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María Luisa Pérez Perusquía
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Estimadas y estimados lectores, en la asociación civil que presido hicimos una invitación a donar juguetes nuevos o en buen estado para repartirlos entre niñas y niños de comunidades marginadas a propósito del 30 de abril, Día de la Niñez.
Llegó con nosotras una señora joven con unas cajas de juguetes prácticamente nuevos, casi que solo habían sido desempaquetados.
La recibimos con mucha emoción y al comentarle que hubiere sido muy bueno que llevara a su pequeño hijo de tres años junto con ella a hacer la donación, porque es una oportunidad de formarles en la compasión y la solidaridad con los menos favorecidos, nos comentó que el pequeño ni caso le hacía cotidianamente: “No le interesa nada de lo que le digo y no me pela para nada, mientras no le quite el celular porque entonces sí arde Troya”.
Dijo que los juguetes estaban nuevos porque realmente nunca había jugado con ellos. Que su pasión eran los juegos y los videos en el celular, pero lo bueno es que eran de contenido educativo.
Esta experiencia ha sido tema de conversación y análisis con las compañeras de la asociación y nos encontramos resaltando que a donde uno vaya: al mercado, al súper, un restaurante, es de lo más común encontrar pequeños con celular o tableta en mano, absortos.
¿Por qué ocurre esto? Algunas de las explicaciones apuntan a la necesidad de los padres, madres o tutores de tener un respiro en la rutina de cuidados de las infancias. Que se entretengan con algo mientras sus cuidadores se concentran en algo más. Mantenerlos quietos en un solo lugar.
El efecto de los dispositivos electrónicos en los niños y niñas de apenas unos pocos añitos es, en muchos casos, hipnotizador.
¿Conocemos los efectos del abuso de la exposición a dispositivos electrónicos como celulares y tabletas en los cerebros y personalidades de los pequeños en formación y desarrollo? En realidad, no. Se trata de un fenómeno de reciente data, por lo que aún no contamos con suficiente información o datos empíricos que sustenten casi ningún tipo de aseveración.
Por lo tanto, tampoco sería justo responsabilizar a los padres, quienes actúan muy posiblemente sin conocimiento de los posibles efectos secundarios de la sobreexposición a tan tempranas edades.
La aún incipiente información que ya existe conceptualiza el fenómeno como adicción digital y resalta que está afectando a niñas y niños cada vez más pequeños.
También se reconoce que son los propios padres quienes les acercan los dispositivos para mantenerlos quietos y atentos a la pantalla, no importa si son juegos o películas o cualquier otro contenido para niños, estamos hablando del inicio de la obsesión.
Niñas y niños pegados a la pantalla, en detrimento de su inteligencia emocional y social. Así encontramos pequeñitos de tres años de edad incapaces de relacionarse con su entorno, que no pronuncian palabra, que no son capaces de reaccionar a las demostraciones de afecto de sus cercanos.
Pequeños a los que resulta imposible alejarlos de los dispositivos electrónicos sin enfrentar tremendas rabietas que terminan por quebrantar la voluntad de los padres.
Esta exposición genera adicción a los estímulos como ruidos, efectos visuales con colores llamativos e inmediatez que ofrecen estos juegos o videos. Se observa que los niños desarrollan mucha ansiedad que va desde morderse las uñas, mover todo el tiempo los pies e intolerancia a la frustración. Tienden a aburrirse rápido y van perdiendo la capacidad de imaginar, crear o desarrollar alguna actividad artística.
Cuadros parecidos a los del trastorno del espectro autista que, por supuesto, deben ser valorados médicamente para saber si es la exposición a los dispositivos digitales lo que los causa o hay explicaciones de otra naturaleza médica.
En teoría, si se les aleja de las computadoras, televisores y todo tipo de tecnología restringiéndolas en su totalidad, es posible recuperar su inteligencia emocional y social. Hasta el momento se considera que no causa daño mental permanente y al mantenerlos alejados de esos dispositivos esas habilidades mentales aumentarán o volverán.
Sin embargo, es muy pronto para asegurar que no habrá quienes desarrollarán patologías a mediano o largo plazos, incluso si se actúa y se les aleja de los dispositivos.
La industria se empeña en poner en el mercado aplicaciones de juegos y videos que justifican son educativos porque estimulan el desarrollo y mantienen a los niños entretenidos. ¿Y qué hay de la interacción humana? Los niños con esta adicción prefieren los dispositivos a los juegos y la convivencia con sus pares y sus cercanos.
Hasta aquí hablamos de la exposición a dispositivos electrónicos de niños y niñas en la primera infancia, pero el problema se extiende y diversifica cuando las infancias crecen y se encuentran ya en edades de escolaridad.
Entonces, y cada vez con mayor frecuencia, se expone a las infancias a las redes sociales e internet toda vez que un porcentaje muy grande tiene sus propios celulares, extendiendo así la posibilidad de acceso a aplicaciones como WhatsApp, Facebook, YouTube y demás.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2023, el 83 por ciento de las niñas y niños de entre siete y 14 años declararon utilizar internet y un 68 por ciento de ellos utiliza alguna red social.
El teléfono celular es el dispositivo que más se usa para consumir contenidos por internet, en un 78 por ciento. Aquí hablamos de la exposición a contenidos de todo tipo, algunos completamente inadecuados como escenas de maltrato animal, apología de la violencia y pornografía, incluyendo la pornografía infantil.
El acceso sin supervisión de las infancias y adolescencias al internet es un peligro.
Será tema de otra colaboración esta segunda cara del problema que por su complejidad mantiene preocupados a padres, madres y tutores, lo mismo que a docentes que, en la mayoría de los casos, se sienten incapaces de afrontarlo.

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