La tiranía de las mayorías
 
Hace (17) meses
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Guillermo Corrales
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La democracia no solo es política, en consecuencia, los demócratas no solo son las personas políticas.

En las democracias jóvenes, como la mexicana, se suele pensar, sobre todo en sus primeros años, que el sistema democrático solo se trata votar en elecciones, y que el espacio público es únicamente de las personas públicas. Menuda mentira.

La democracia va mucho más allá, y su naturaleza es preponderantemente incluyente, es decir, vivir en democracia va más allá de elecciones competidas y de transmisiones pacíficas del poder; la democracia es el respeto a las reglas del juego, el arte sagrado de saber equilibrar el poder.

Luego de la interesante conferencia que Roberto Heycher Cardiel Soto brindó en el marco del XIII Encuentro Nacional de Educación Cívica, viene la reflexión del Espacio Abierto de hoy con la pregunta central: ¿puede haber tiranía en las democracias? Pues vaya reflexión, porque de haberla, dejaría de ser democracia.

Tengamos mucho cuidado con nuestra delicada democracia. Respecto a este tema, hoy vivimos un punto de inflexión en México, y como sociedad debemos tener mucho cuidado en no caer en la tentación del sectarismo y de la división, muchas veces instrumentada desde las esferas del poder político.

Estudiosos de la ciencia política y de los sistemas democráticos, como Norberto Bobbio o Michelangelo Bovero, han referido el riesgo del poder de las mayorías, y este riesgo es pasar por encima de los derechos de aquellas minorías que fueron vencidas dentro de la legitimidad de unas elecciones. Por tanto, debemos hacernos varias preguntas, como por ejemplo: ¿hasta dónde da la legitimidad de las urnas para que las mayorías puedan cambiar, a través del marco legal, cualquier tema que consideren conveniente sin escuchar las aristas y lo que tengan que decir las minorías, las cuales gozan también de su propia legitimidad?

Recordemos que en el mundo, muchos de los grandes abusos del poder en el siglo XX, especialmente en Europa y América Latina, estaban sustentados en sus propias leyes, de ahí la importancia de los equilibrios y de los límites del poder, por eso tan pertinentes los sistemas de pesos y contrapesos del poder público, por eso tan importante la autonomía real de diversas instituciones, de un Estado respecto del poder concebido en las urnas.

Entonces, ¿hay más democracia si todos los temas inherentes a un Estado lo deciden las mayorías? La respuesta afortunadamente es muy simple: no.

Luigi Ferrajoli, destacado jurista italiano, sostiene que hay cuestiones que deben ser sustraídas de la voluntad de las mayorías y esto es lo que fortalece verdaderamente a un sistema democrático con equilibrios de poder.

Por tanto, en el marco de una posible reforma electoral, resulta inviable –por decir lo menos– que las autoridades electorales sean electas a través del voto directo, y no porque esto fuere en contra de la soberanía popular, sino porque en diversos ámbitos como en este en particular, no se requiere a la persona más popular sino a quien garantice probidad, rigor técnico, experiencia y capacidad. El árbitro debe estar integrado por personas técnicas, no políticas.

Por eso en México los derechos humanos y la materia electoral no son sujetos de consulta popular, precisamente para impedir la tiranía de las mayorías.

Guillermo Corrales | Consejero electoral del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo

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