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JO TokioLa Copa

No quería volver sin medalla


Guillermo Ochoa rompió en llanto en la cancha del Estadio Saitama, donde ayer consumó el sueño de regalarle a sus seres queridos y a todo México una medalla en Juegos Olímpicos.

“Sobre todo porque quería llevarles una medalla, no quería regresar con las manos vacías a México, no quería regresar con las manos vacías a mi casa. Quería que mi esposa, mis papás, mis hijos, cargaran la medalla, la conocieran, la vieran; fue mucho sacrificio, esfuerzo, mucho estar lejos de la familia, muchos días sin descanso; fuimos de las primeras selecciones que llegaron a Japón y nos propusimos ser de los últimos en irnos.

“Es una medalla que, pufff, es para mi familia; sé lo que sufrieron en cada juego, a veces más que nosotros; la afición mexicana también se la merece, siempre trato de dar lo mejor para mi país en cada torneo, a veces el futbol no te recompensa de las maneras que crees o que imaginas que crees y no por eso hay que bajar los brazos, es una medalla nos llevamos en el corazón, en la historia de México, una medalla para toda la vida”, expresó, conmovido, a Marca Claro.

El guardameta enumeró todos los sacrificios que realiza un deportista con tal de vivir este tipo de momentos.

“Antes de venir y concentrarme me despedía de mis hijos, mi hijo me dice ‘papá, ¿otra vez?’, me rompe el corazón. Me la paso viajando, concentrado, hay cosas que la gente y la prensa no ve, la exigencia se nos tiene cada dos o tres días, no saben de las concentraciones, viajes, las malas comidas que tuvimos, el cansancio que existe; se nos juzga mucho”, dijo.

Edgar Contreras I Agencia Reforma

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