Hoy, los poemas, cuentos, relatos y novelas escritos en Hidalgo crecen, se despeinan y provocan Ventarrones literarios

Elvira Hernández Carballido
Qué alegría recibir la grata noticia de que el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes —uno de los más importantes del país— lo ha ganado Claudia Sandoval Zamorano, nacida en Pachuca, Hidalgo, joven de alma sensible, mujer de emociones color rayitos luna, poeta que desata escándalos de suspiros, leerla te reconcilia con la vida.
La satisfacción crece como ola cuando existe un cariño especial por nuestra galardonada, ya que he tenido el gusto de compartir escenario con ella y escuchar de su propia voz el canto de sirena que embelesa con sus metáforas e imaginación. Sonrisa sencilla, mirada tierna, latidos apasionados.
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Además de este júbilo por tan importante reconocimiento a una mujer bella y airosa, estoy también muy contenta porque justo esta semana de gran orgullo literario hidalguense yo estreno mi espacio en el periódico Criterio, me hizo muy feliz la invitación. ¡Gracias!
Decidí parir una columna deseosa de jugar como este viento pachuqueño, aire bello que me despeina travieso, suave brisa que sacude mis sentidos, ráfagas aliadas que caminan a mi ritmo. Brisas de palabras, poemas, cuentos y novelas que logran desatar fuertes vientos con su contenido, verdaderos Ventarrones literarios.
Si bien nací en Ciudad de México, vientos solidarios me trajeron a Pachuca en 2004. Aquí encontré un maravilloso trabajo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, una linda casa y amistades inolvidables.
Fue aquí donde empecé a animarme a escribir textos literarios y de esa manera entraron a mi vida maestros como Agustín Cadena, colegas como María Elena Ortega, mi poeta adorada Yanira García o talentosos jóvenes como Alfonso Valencia y Julio Romano. Por eso, esta columna estará dedicada a las obras literarias de Hidalgo.
Si bien Agustín Cadena y Mariam Mabel Martínez advirtieron en Diáspora Hidalgo: Una narrativa en exilio que quienes habían decidido dedicarse a la literatura en nuestro estado tuvieron que hacerlo afuera del territorio hidalguense, pues durante el siglo XX escribir representaba una empresa individual y una peligrosa prueba de vocación. Ahí están las grandes figuras de Ricardo Garibay, Gonzalo Martré, Federico Arana, Agustín Ramos e Ignacio Trejo.
Ya en el siglo XXI, Enrique Olmos, con su maravillosa ironía y mirada crítica, reconoció que a la generación nacida en los 80 le tocó luchar contra la “maldición” de irse de Hidalgo para ser escritores. En su ensayo #SomoZombies expuso que en el estado ahora dedicarse a la literatura más bien parecía una “excentricidad”. Sin embargo, expuso un panorama más esperanzador dando una lista puntual de quienes ya brillaban y brillarían en nuestra literatura.
Hoy, los poemas, cuentos, relatos y novelas escritos en Hidalgo crecen, se despeinan y provocan Ventarrones literarios que desde esta columna soplarán amorosos, solidarios y orgullosos.
Ventarrones literarios para despeinar el alma.
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