FRANCAMENTE… El Ariel no es cualquier premio, no se debe demeritar ni clasificar como “una estatuilla más”

En casi 80 años, la Academia Mexicana de las Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) ha sido la encargada de promover y apoyar el cine mexicano, impulsando su proyección, investigación y realización, y en 68 ocasiones lo ha reconocido, con el premio Ariel, en diferentes categorías.
En una comparación meramente ilustrativa, el Ariel se puede considerar el Óscar mexicano, aunque muchos lo demeriten o piensen que cualquiera puede ganar uno, cuando la realidad es que es un reconocimiento que nos da pauta para saber (al menos esa es mi nunca humilde opinión) dónde está parada la industria de hacer películas en nuestro país.
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Para quienes creen que los premios Ariel se los dan a granel a cualquier producción mexicana —y por producción consideran a las comedias populares—, quiero decirles que gran parte del cine que se adhiere a la convocatoria anual de la AMACC es aquel que, triste y generalmente, tiene poca distribución, poco presupuesto (por casi siempre ser cine de autor) y, por consiguiente, poca promoción.
Los dramas profundos, documentales complejos y proyectos con más originalidad son las cartas fuertes de una nación que, en su formación de audiencias, disfruta más el cine comercial; al no tener tanta afinidad, los Ariel suelen ser tomados como un premio más del montón, desafortunadamente.
Con la lista de nominados para este año, destacando En el camino, cinta de David Pablo con tintes queer que muestra al mismo tiempo el peregrinar de los camioneros por las carreteras del país, el Ariel tiene ahora la tarea de engrandecer e impulsar todavía más a las producciones nacionales, al hacer valer la reforma a la Ley Federal de Cine y Audiovisual.
Dichos cambios deben traer resultados a corto, mediano y largo plazo; la calidad de las producciones debe mejorar a partir de una mejor taquilla, producto de un número mayor de salas para las proyecciones. Una mejor calidad incentiva la expansión de públicos y las aspiraciones de premios internacionales; esto es reconocimiento a los talentos y a la misma industria.
FRANCAMENTE… El Ariel no es cualquier premio, no se debe demeritar ni clasificar como “una estatuilla más”, pero es cierto que, este año, a la AMACC le toca hacer válida una reforma de ley que desde hace mucho, pero mucho tiempo era necesaria. Suena a cliché, pero México hace buen cine; solo falta de verdad apoyarlo.
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