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Hace (2) meses
¿Qué tanto urge?

Cada año, millones de adolescentes en el mundo se enfrentan a lo que pareciera una de las decisiones más importantes de su vida: ¡elegir qué carrera van a estudiar!

Aunard de la Rocha

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Cada año, millones de adolescentes en el mundo se enfrentan a lo que pareciera una de las decisiones más importantes de su vida: ¡elegir qué carrera van a estudiar!

Para todos aquellos que hemos pasado por este momento, pareciera que no hay cosa más importante que saber elegir qué estudiar.

Desde niños nuestra sociedad pareciera que ha sido diseñada para inculcarnos el que debemos “ser alguien en la vida” y esto pareciera debe reflejarse en la pregunta ¿Y tú qué quieres ser cuando seas grande? Y lo que pareciera un juego cuando es uno pequeño, poco a poco, conforme avanza la edad, se convierte en todo un tema: frases como ¿estás seguro de que eso es lo que quieres?; “Si estudias eso, te vas a morir de hambre”; “Tienes que continuar con la herencia de la familia y estudiar…”. En fin, un sinnúmero de cuestionamientos que ponen a los adolescentes en situaciones realmente estresantes y muchas de las veces se ven forzados a elegir qué estudiar.

Hoy, estos tiempos de elección de carrera no han cambiado mucho y, al contrario, estamos ante una comercialización de toda índole para que las universidades capten a los alumnos, y en países como el nuestro muchas de las universidades privadas invierten en mercadotecnia y estrategias para persuadir a la mayor cantidad de jóvenes para que estudien en dichas instituciones y estas puedan subsistir financieramente hablando.

En otros países, como Canadá y Estados Unidos, las universidades públicas dependen del financiamiento público que va ligado al número de estudiantes que tienen inscritos. En estos países también se dan todo tipo de estrategias, como ferias dentro de las escuelas, para que los alumnos conozcan la oferta educativa y de igual manera se da esta presión para que ya los alumnos elijan qué estudiar y se inscriban lo antes posible.

En los últimos años la pandemia afectó sensiblemente la matrícula de alumnos en todos los niveles de educación, pero sobre todo en las universidades. En Estados Unidos, según Bloomberg, se habla de que existen un millón de sillas disponibles que antes de la pandemia estaban ocupadas por algún estudiante. Imagínense la necesidad que existe en estas universidades para convencer a más alumnos que en lugar de irse a lo que se conoce como college se vayan a la universidad.

A todo lo anterior también hay que agregar que los tiempos han cambiado y no necesariamente las empresas requieren personas con licenciaturas o ciertos grados académicos. Hoy requieren gente con cierta especialización que se puede dar en lo que conocemos como carreras técnicas y que incluso en nuestros tiempos pagan mejor.

Al final la realidad es que para quienes son padres e incluso para los alumnos que en estos momentos estén leyendo esta columna, la elección de la carrera no debiera ser una urgencia.  No es lo mejor estarse estresando desde tan jóvenes de que si se pasa un semestre y no elegí algo que estudiar ya quedé fuera y sin futuro. Esos tiempos quedaron atrás, hoy los jóvenes deben estar muy conscientes del camino que deseen explorar, de a dónde quieren encaminar su vida, pero sobre todo de no caer en la presión mercadológica de que desde que van en secundaria ya tienen que incluso ir conociendo las universidades.

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