Egresados de la UAEH siempre le han dado brillo a la casa de estudios de Hidalgo y otros tantos le seguirán dando grandeza a nuestra alma mater. Bien por la autonomía y bien por sus personajes ilustres.

Sin pronunciar una sola palabra, sin ninguna postura política, sin frases amenazantes ni desbordamientos innecesarios, el exrector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Gerardo Sosa Castelán apareció nuevamente en la escena pública este fin de semana durante la marcha de la casa de estudios de Hidalgo para celebrar la autonomía universitaria.
Sin lugar a dudas el evento más trascendente ocurrido la semana pasada, el viernes por la mañana, fue la presencia de Sosa Castelán en el panorama social y político, aún en contra de sus detractores que pensaban y anhelaban que había llegado su fin.
Nada más alejado de la realidad, pues aun con la insistencia que respondiera dónde portaba el brazalete de localización, consecuencia de un juicio legal que enfrenta, Gerardo Sosa Castelán respondió todas las interrogantes, algunas absurdas, donde mostró templanza, seguridad y fortaleza, al confiar, dijo, en la justicia mexicana que en estos tiempos tiene nuevos rostros y rasgos de verdadera justicia para cualquier ciudadano que tiene la razón.
La pulsera está en la historia, respondió Gerardo Sosa, en tono jocoso ante los medios de comunicación que lo abordaron al término del evento donde se concentraron más de 40 mil estudiantes de la UAEH, además de cuerpos académicos y personal administrativo de la casa de estudios de Hidalgo, en un hecho de concentración masiva de gran calado, que representa fuerza política, capacidad de logística y disciplina en la organización, además de un comportamiento civilizado de los caminantes, quienes nunca mostraron actos de soberbia, de vandalismo o de agresión para el resto de la población pachuqueña que los vio pasar por las calles de la ciudad.
Puras porras en tono estudiantil se escucharon por los aires de las calles, algunas, incluso en tonos ingenuos de versos literarios, que son respuesta de concursos sobre el tema en años anteriores, que muestran la limpieza de las intenciones de los estudiantes universitarios, donde prevalece el espíritu festivo y revela la energía propia de los jóvenes dinamizados.
Las palabras más mencionadas en este acto masivo fueron autonomía universitaria, pretexto para marchar el viernes pasado por las calles de la ciudad, pues se recordó el 3 de octubre como fecha cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación le dio la razón a la UAEH en una controversia jurídica cuando el gobierno estatal en turno, durante 2018, pretendía meter las manos en esta casa de estudios para controlar el dinero y los destinos de la UAEH, a través de la instalación de un personaje denominado titular del Órgano de Control Interno, que abarcaba a todos los organismos autónomos de Hidalgo, solo para taparle el ojo al macho.
La verdadera intención siempre fue meter una mano en la UAEH y después las dos y apropiarse de la casa de estudios de Hidalgo, desplazar a sus actuales dirigentes, sacarlos a patadas y montarles juicios penales y administrativos, después de sus respectivas auditorías amañadas con personajes a modo para denunciar irregularidades fantasiosas, o algo por el estilo, que es lo clásico que se les ocurre a los gobiernos autoritarios. Y luego de las manos, meter las patas.
No se sabe si se dejó engañar por sus asesores o si se aferró que tenía las herramientas jurídicas para implantar estos órganos de control interno en los organismos autónomos el gobernador en turno en ese momento, todo con la finalidad de tenerlos a sus pies, de nombrar a sus incondicionales al frente de estas instancias y rascarles a sus presupuestos hasta dejarlos raquíticos, sin importar el futuro y desarrollo de los mismos. Puro poder por el poder quería implementarse en Hidalgo y, de haberlo conseguido, hubiera mandado señales, incluso en todo el país, de la grandeza política que tanto anhelaba.
Pero los hechos lo ubicaron en una triste realidad, en donde ni siquiera pudo, en su momento, designar a su sucesor en el gobierno de Hidalgo; vaya, ni siquiera del candidato de su partido, el PRI, para este encargo, y Carolina Viggiano le ganó la partida tan fácil, que le provocó grandes berrinches consecutivos que lo llevaron a renunciar a su militancia priista de muchos años.
La autonomía universitaria siempre ha estado en riesgo en todas las universidades públicas del país, incluso la propia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), misma que en los años 80 recibió una zarandeada por las ocurrencias de Jorge Carpizo, entonces rector, que intentó burlar su autonomía e instalar, por su propia propuesta, un nuevo catálogo de precios para los pagos de inscripción de los alumnos, dejando atrás los centavos que actualmente cuesta, menos de un peso mexicano, para obligar a los aspirantes a desembolsar miles de pesos, con el argumento de necesidades monetarias. Puro truco para atentar contra la autonomía. En esta lucha, debemos recordar que participó activamente la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, entonces alumna de la facultad de Ciencias de la UNAM, donde inició su lucha social que fue incrementando hasta su maduración como verdadera luchadora social al lado de Andrés Manuel López Obrador. La UNAM no se tocó.
Es menester recordar que antes de la presencia de Gerardo Sosa en la UAEH los gobiernos estatales en turno tenían la facultad tácita de nombrar a los rectores consecutivos de la casa de estudios de la entidad y si revisamos los datos históricos, aparecerán que fueron rectores de esta institución educativa puros amigos del gobernador en turno, sus incondicionales o hasta improvisados que anhelaban lavarse la cara en esta universidad después de un pasado corrupto, negro y prepotente por el gobierno.
Con estos personajes al frente de la rectoría, los desfalcos y saqueos de las arcas universitarias estaba a la orden del día, pura robadera de dinero, puros cuates dando clases y recibiendo grandes salarios, mientras la calidad educativa cada día se degradaba y el único sostén era la buena madera de los estudiantes, de los cuales incluso en contra de estas adversidades había muchos que destacaban virtud a sus méritos personales. La UAEH siempre iba en picada. Se rescató y su crecimiento está a la vista de todos. Egresados de la UAEH siempre le han dado brillo a la casa de estudios de Hidalgo y otros tantos le seguirán dando grandeza a nuestra alma mater. Bien por la autonomía y bien por sus personajes ilustres.
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