Por eso, en lugar de gastar tiempo en discusiones de redes, deberían justificar cada peso que reciben trabajando y entregando resultados. Porque el pueblo no paga para verlos en pleitos digitales, sino para que resuelvan problemas reales

Federico Escamilla
En los últimos días, las redes sociales fueron escenario de un intercambio poco elegante entre el líder estatal del PRI y diputado local Marco Mendoza, y el titular de Planeación del gobierno de Hidalgo, Miguel Ángel Tello.
Todo comenzó con una nota periodística que aseguraba que la alcaldía de Pachuca embargaría las oficinas del PRI en el cubo de Colosio, debido a un supuesto adeudo de predial que, según publicaciones, rondaría entre 650 mil y 800 mil pesos acumulados en los últimos tres años. Hasta el momento, el embargo no se ha concretado.
Miguel Tello compartió la nota en sus redes con la frase “Devolver al pueblo lo robado”, en tono burlón. La indirecta no cayó nada bien en Marco Mendoza y, desde ahí, comenzó un intercambio de dimes y diretes, como si fuera el grupo de WhatsApp de la colonia.
Varios actores políticos se sumaron al hilo, convirtiendo el asunto en un chismerío digital. Tello incluso realizó una transmisión en vivo para hablar del tema y subió una imagen con una captura de pantalla de WhatsApp… que luego borró.
El gobernador Julio Menchaca, al ser cuestionado por los medios tras un evento, se limitó a decir que preferiría que sus funcionarios se pusieran a trabajar, en lugar de participar en este tipo de espectáculos. Y tiene razón, en Hidalgo la política parece haberse convertido en puro chisme, incluso en tiempos que no son ni electorales.
Mientras tanto, los morenistas siguen golpeando a un PRI que apenas se mueve, y que, cuando lo hace, es para acusar revanchismo político. Sin embargo, es poco probable que este pleito pase de las redes a la arena política real.
Lo más seguro es que, cuando se crucen en persona, se saluden cordialmente y hasta se den un abrazo para la foto, como si nada hubiera pasado.
Al final, convendría que recordaran que todo lo que presumen —sus sueldos, sus oficinas, sus autos y hasta el internet desde donde pelean— lo paga la gente. No es un favor ni un regalo, es dinero público. Por eso, en lugar de gastar tiempo en discusiones de redes, deberían justificar cada peso que reciben trabajando y entregando resultados. Porque el pueblo no paga para verlos en pleitos digitales, sino para que resuelvan problemas reales.
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