Se viene otro estudio para el puente atirantado de Pachuca. Sí, otro más. Impulsado por el gobierno actual, que ha proyectado 50 millones de pesos para analizar lo que a simple vista es evidente: la obra no resuelve nada

Federico Escamilla
Se viene otro estudio para el puente atirantado de Pachuca. Sí, otro más. Impulsado por el gobierno actual, que ha proyectado 50 millones de pesos para analizar lo que a simple vista es evidente: la obra no resuelve nada. La movilidad sigue siendo caótica, los peatones siguen en riesgo y los automovilistas libran una batalla diaria contra un proyecto que costó más de 500 millones de pesos y que, hasta ahora, no ha cumplido lo que prometió.
El estudio anterior —ese que costó más de 6 millones de pesos y duró 123 días— no arrojó resultados útiles o al menos no lo suficientemente funcionales como para corregir el desastre. Hoy, la ciudadanía exige soluciones reales, no diagnósticos de escritorio. Ya fue mucho repartir culpas entre administraciones, lo urgente ahora es actuar, porque mientras se remodelan parques, ferias y plazas, esta mole de concreto sigue sin servir a quienes más la necesitan: los habitantes de Pachuca.
El puente fue presentado como la gran apuesta para destrabar el caos vial de la Glorieta 24 Horas. Tres años después, el balance es desalentador. Ni movilidad, ni seguridad, ni funcionalidad. El nuevo estudio, entonces, no es un lujo, es una deuda pendiente con una ciudad que merece más que promesas fallidas y soluciones parchadas. Esperemos que esta vez no se quede en papel y que finalmente se ejecuten los arreglos que automovilistas y peatones han esperado durante años.
Porque si este tampoco es “el bueno”, ¿cuántos millones más estaremos dispuestos a gastar para seguir sin cruzar a ningún lado?
Este fin de semana ocurrió otro accidente en la curva que ya todos conocemos del Rio de las Avenidas, de Pachuca… Un auto quedó en la parte baja del río luego de que la conductora perdió el control y cayó… Afortunadamente, ni ella ni su acompañante sufrieron lesiones mayores; sin embargo, se conjuntaron dos cosas… Que los pachuqueños somos malos para manejar —más con lluvia— y esta zona, que lleva muchos accidentes y nula atención…