Imagen: María Luisa Pérez Perusquía
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Hace (12) meses

Los incel: las culpables son ellas

Una de las expresiones o una de las subculturas de la manósfera es el fenómeno de los incel. Incel es el acrónimo de la expresión en inglés “celibato involuntario”. Suelen ser jóvenes heterosexuales que se sienten solos, poco atractivos y que buscan ser parte de un grupo.

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Hablábamos en una colaboración anterior del fenómeno denominado manósfera, descrito no como un perfil de creadores o un espacio concreto de internet, sino como la suma de las acciones de tuiteros, youtubers, administradores y líderes de opinión, así como el compromiso afectivo y la participación de seguidores cautivos y otros tantos miles de participantes anónimos de la manósfera, la cual tiene el objetivo, más o menos compartido, de restablecer el privilegio blanco masculino y reforzar la masculinidad hegemónica.

Una de las expresiones o una de las subculturas de la manósfera es el fenómeno de los incel. Incel es el acrónimo de la expresión en inglés “celibato involuntario”. Suelen ser jóvenes heterosexuales que se sienten solos, poco atractivos y que buscan ser parte de un grupo.

Si bien el término se ha conocido más ahora, a raíz de su mención en la serie Adolescencia, lo cierto es que su popularización empezó a finales de los noventa, a través del blog de una joven canadiense que tuvo la idea de crear una comunidad para hablar sobre las dificultades de tener relaciones sexoafectivas o encontrar pareja, dado que ella, una mujer de veintitantos años, no había podido establecer un vínculo con un hombre y no había sido siquiera besada.

El que el blog haya sido iniciado por una mujer muestra que la dificultad para establecer vínculos sexoafectivos tiene presencia tanto en hombres como en mujeres; sin embargo, hay una clara diferencia en la gestión de esta frustración entre ellos y ellas.

El giro en el discurso ocurrió a la mitad de la década de los 2000 y principios de 2010, cuando se convirtió en una comunidad para hombres.

Los incel culpan a las mujeres de sus fracasos personales y amorosos. Las expresiones en esta comunidad van desde contención, donde comparten sus sentimientos y frustraciones, hasta expresiones que derivan en discursos misóginos y antifeministas que en algunos de los casos pueden alcanzar niveles peligrosamente violentos, en los que se refuerza la idea de castigar a las responsables de la desgracia por la que atraviesan.

Las culpables son ellas por no aceptar tener una relación romántica o sexual con ellos. Creen firmemente en la que denominan “regla 80/20”, que sostiene que 80 por ciento de las mujeres solo se sienten atraídas por 20 por ciento de los hombres, asumiendo que ellos nunca podrán estar en ese 20 por ciento favorecido.

Dentro del propio movimiento incel hay variantes de expresión, entre otras los denominados “píldora azul”, “píldora roja” y “píldora negra”. Los que promueven este último argumentan que el tomarse “la píldora negra” les lleva a tener un repentino despertar a una verdad supuestamente oculta: en el mundo hay una conspiración feminista en contra de los hombres.

Sostienen y culpan a los feminismos de haber dado al traste con la idea tradicional de hombre y, ante esto, ellos, los incel, se asumen como los protectores de la masculinidad hegemónica y los elegidos, porque han despertado para salvarla o rescatarla. Dado que los seres humanos pasamos por naturaleza por las etapas de nacer, crecer, reproducirse y morir, consideran el acceso a las relaciones sexuales como un derecho del cual las mujeres no los pueden privar.

Lo antes expuesto describe algunos de los comportamientos y asunciones de la parte más radical de los incel; otros, en teoría la mayoría, no se muestran cómodos con la pertenencia a este tipo de fenómeno social y no lo expresarían fuera de la comunidad virtual a la que pertenecen, pero aun así, de algún modo, encuentran soporte emocional en ella.

Este fenómeno está mayormente presente en algunos países de Europa y en Estados Unidos. En América Latina, la prevalencia se da en Brasil; sin embargo, el peligro de sumar a más adeptos en esos países y en otros persiste, derivado de la globalización del acceso a internet y la proliferación de las redes sociales.

También es cierto que la amenaza de que estos mensajes resuenen en poblaciones cada vez más jóvenes pone en condición de vulnerabilidad a las adolescencias.

Ante fenómenos como el de los incel, habrá que intentar entender, que no justificar, qué hay en las entrañas de estas expresiones. Se considera que los hombres atraídos a esta comunidad son personas con pocas habilidades sociales, lo que les orilla a tener menos éxito social y, en consecuencia, baja autoestima. Personas con dificultades para manejar sus emociones, gestionar el rechazo, manejar la frustración.

Es importante, tanto para los estudiosos del tema como para la sociedad en general, entender, además de los factores individuales, los culturales y sociales que han llevado a la creación, la metamorfosis y la proliferación de esta comunidad en línea.

Centrándonos en la esfera individual, partimos de que el comportamiento humano es una representación de las experiencias, emociones e interacciones que hemos tenido a lo largo de nuestras vidas. Cuando buscamos medidas de prevención aplicables desde la infancia para evitar que en la adolescencia o juventud sean atraídos por este tipo de comunidades, hablaríamos precisamente de dotar a las infancias con herramientas para manejar sus emociones, entre ellas la frustración, gestionar el rechazo y cultivar un sano valor de sí o una sana autoestima.

La pregunta es: ¿Tenemos los padres, las madres, las personas tutoras, las y los docentes los conocimientos, capacidades y habilidades para dotarles de esas herramientas?

Quizás la mayoría no; entonces, ¿qué hacer? Aprenderlas es la respuesta lógica, pero no fácil.

Pongamos solo un ejemplo: el niño o la niña quieren seguir jugando con el celular o con la pantalla, usted está decidido a poner límites al menor en cuanto a su exposición a los dispositivos, por lo que se lo retira; sobreviene una rabieta descomunal y usted cede y le devuelve el dispositivo. Si se cede sistemáticamente sin implementar estrategias alternativas, el menor no desarrollará capacidades para tolerar la frustración, crecerá sin la posibilidad de entender que no puede conseguir todo lo que quiere en el momento en que lo quiere y en las condiciones que demanda.

Hacernos del conocimiento de estrategias se vuelve indispensable para no caer en solo la prohibición o el castigo. Nos toca, particularmente como padres y madres, adquirirlas en la medida de las condiciones de cada quien.

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