Reitero: a ningún ciudadano le agrada la idea de pagar infracciones; sin embargo, realizar el pago en una tienda de conveniencia al menos ofrece cierta certeza de que los impuestos llegarán con transparencia a la tesorería municipal.

José Raquel Badillo
Con bombos, platillos y timbales se anunció que los ciudadanos pachuqueños tienen una alternativa más para pagar sus contribuciones al municipio en las cadenas Oxxo. Los pagos podrán efectuarse desde cualquier ciudad en conceptos que corresponden a las diferentes áreas municipales: multas de tránsito, arrastre de grúa, constancias de no infracción, licencias de construcción y uso de suelo, permisos de anuncios, alineamiento y nomenclatura, autorizaciones técnicas, impuestos sobre juegos, espectáculos y diversiones, sanciones, infractores de reglamentos administrativos y algunos otros más.
En las redes sociales hubo comentarios encontrados, algunos de ellos cargados del dolo natural de los ciudadanos que, en muchas ocasiones, han pagado multas arbitrarias. También influye el arraigo cultural que nos hace salir a la defensiva al sentirnos afectados.
Aquí, como ciudadanos, debemos formularnos esta pregunta: ¿Fue una buena o mala opción optar por los servicios de la citada tienda de conveniencia para la recaudación de multas e impuestos?
Amigo lector, antes de responderla, dejo a su consideración dos antecedentes:
La denuncia presentada en el Cabildo del ayuntamiento por la regidora Nadia Reyna Camacho, sobre un presunto uso de un sello alterno durante la administración de Sergio Baños, que se supone fue empleado de manera indebida en cuestiones financieras.
La regidora pidió ante la Asamblea que se investigara al respecto para determinar si hubo o no daño al erario. La lógica da soporte a su acusación: ¿por qué y para qué habría de existir un sello adicional?
El planteamiento de la denuncia no hizo más que reforzar las sospechas de que la recaudación en las arcas del ayuntamiento no es confiable, y que, por lo tanto, no existe certeza ni garantía de que todas las multas y servicios pagados como impuestos lleguen efectivamente a su destino final en las arcas municipales.
En algún otro momento expuse que la tecnología no siempre se utiliza para detener a los delincuentes, sino para afectar a los ciudadanos. En este asunto, los agentes de tránsito han hecho mal uso de ella para infraccionar a cientos de automovilistas. En el Estado de México, por ejemplo, se utilizan las cámaras para vigilar el tema de las verificaciones, y obviamente no hay automovilista que se salve.
Lo peor es que, al final, muchos terminan siendo presionados para dar sobornos. Aquí, en Pachuca, también existen lugares diseñados ex profeso para infraccionar.
Reitero: a ningún ciudadano le agrada la idea de pagar infracciones; sin embargo, realizar el pago en una tienda de conveniencia al menos ofrece cierta certeza de que los impuestos llegarán con transparencia a la tesorería municipal.
Desde luego, el municipio no se sustrae de su obligación de recibir directamente las contribuciones, solo que, para ello, el pago debe efectuarse mediante transferencia bancaria.
Las acciones e iniciativas de las autoridades pueden y deben medirse como buenas o malas, y los ciudadanos estamos obligados a evaluarlas. Negar un acierto no aporta nada; por el contrario, reconocer el objetivo intrínseco de este proyecto —aunque las autoridades pretendan disimularlo— contribuye a menguar la corrupción.
DICE RACHY: La corrupción no se abate con discursos, sino con acciones.
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