Que esta elección sea el final de algo que ha obstaculizado la protección de los más pobres y los más vulnerables y que ha agredido certeramente nuestra soberanía. Nunca más los poderosos del dinero deben ganar un asunto judicial por el simple hecho de tener dinero de sobra. Ya les llegó su fiestecita.

Ahora resulta que la oposición, que no pudo detener la Reforma Judicial por las buenas, intenta por las malas detener esta elección histórica y hace un llamado a todos los ciudadanos para que no salgan a votar este cercano domingo 1 de junio de 2025, que se abstengan, convencidos de que no ir a votar significa estar en contra de la elección.
El no voto no le significa casi nada a una elección. Ahí están los datos históricos.
El no votar es un terreno de neutralidad absoluta, pero la oposición lo trata de vender como que el silencio también grita. Abstenerse es como todo lo que está en blanco, la nada, un conjunto vacío.
En Hidalgo, la oposición juega a lo mismo y se deja llevar por la inercia malosa. Prueba de ello es que, este fin de semana, el otrora poderoso panista Adrián del Arenal se colocó en los alrededores de la plaza Independencia de Pachuca con una manta enorme que decía con letras en rojo: “Yo no votaré este 1 de junio”. Piensa que contagiará por su prestigio, por cierto, ya muy desgastado, a muchos ciudadanos. Pero los posibles votantes ya están grandes, no es fácil engañarlos y menos con estos personajes de marras.
Hay quienes reflexionan y expresan que una elección democrática no es un mercado donde uno compra y se vende, sino un contrato social. Una elección no es individual, aunque el voto lo sea, es colectiva e integra a una mayoría. Se establece un compromiso entre esa mayoría, que representa la sociedad en su conjunto o, si se quiere, a la patria.
No es que cada uno de nosotros por haber votado tenga un ticket para reclamarle al vendedor que no entregó bien una mercancía.
Los que saben del tema dicen que la soberanía es un compromiso imaginario que abarca a toda una nación, vayas o no vayas a votar, votes por una o por la otra. Así funciona y permite el ejercicio del poder y de la obediencia social, lo que llamamos legitimidad.
El compromiso que vamos a establecer con los juzgadores electos es el de la justicia, que, como sabemos, siempre debe ser para los pobres, los vulnerables, los que no tienen el dinero ni las influencias en el aparato judicial. El que no cumpla será retirado.
Todo queda cada día más claro. El criterio en esta elección será a favor de aquellos juzgadores que tienen una vida, una trayectoria profesional del lado de las causas casi siempre perdidas, entre ellas las de los pobres, los indígenas y hasta del interés nacional.
Cuando uno necesita un abogado es bueno que sea hábil, pero cuando uno necesita un juez es vital que sea justo. Las dos cosas no coinciden por fuerza y hemos tenido muchos jueces, magistrados y ministros que se comportan en las salas como abogados y no como juzgadores.
El caso del ministro Luis María Aguilar es ilustrativo, pues escondió durante un año el expediente del dueño de Elektra, Ricardo Salinas Pliego, y evitó que por lo menos 40 mil millones de pesos fueran al presupuesto público. Aguilar se comportó como un buen abogado de Salinas Pliego, no como un juzgador justo que ve por el interés general.
Podemos documentar cientos de casos que se acumulan cada semana, donde los jueces otorgan amparos a empresas extranjeras, benefician a quienes los sobornan o simplemente tienen una estructura mental que no les permite pensar en el bien de la nación. Ahí está también la clave, los abogados incrustados en el Poder Judicial tienen un cerebro adoctrinado por muchos años para solo defender al poderoso, al que le puede pagar mucho dinero, porque piensan que entre más dinero ganen, son más exitosos.
Fueron educados en el más puro neoliberalismo, sin saberlo. Poderoso don Dinero. De esos ya no queremos.
Esta elección, en manos del INE, ha tenido muchos desaciertos, quizá por ser inédita, pero debe dejar lecciones dignas de corregirse para la próxima, en 2027. También dentro del INE existen fuerzas, que ya se van, que no permiten que la democracia avance, que se hagan las cosas con verdadera neutralidad, sin agandalles de querer ayudar a unos y perjudicar a otros. Pronto lo veremos.
Entre tanto, con toda esta información y comentarios sobre el tema que circulan en todo el territorio nacional, vale la pena destacar que debemos tener en mente el criterio que utilizaremos en el momento de ir a votar.
Privilegiar la trayectoria de los candidatos por los que votaremos, no en función de sus doctorados en Harvard o la Libre de Derecho, sino en su función como proveedores de justicia.
No son los títulos o los premios los que hacen a un buen juez, sino sus sentencias y argumentos a favor del interés general, de la soberanía nacional y de los más pobres.
Porque como creían todos los pensadores quijotescos, la justicia debe ser para los pobres, porque los ricos ya tienen todo el dinero y todo el poder.
Les diremos, como opinión personal, que podemos dirigir la mirada, para facilitar su decisión, en los candidatos que vienen precedidos de las siglas PE, que quiere decir que son avalados por el Poder Ejecutivo. Esos son los que merecerían el voto popular. Los otros candidatos son del PJ (Poder Judicial), que ya no merecen otra oportunidad; los del Poder
Legislativo (PL), tampoco, porque van revueltos con candidatos impulsados por el PRI, PAN, MC y otros que no vale la pena voltear a ver. Además de otros que se quieren colar, pero no todos son de confiar, pues tienen las siglas EF, que quiere decir que están EN FUNCIONES, pero no se equivoquen, como algunos que piensan que quiere decir Ejecutivo Federal; no es así, cuidado.
Que esta elección sea el final de algo que ha obstaculizado la protección de los más pobres y los más vulnerables y que ha agredido certeramente nuestra soberanía. Nunca más los poderosos del dinero deben ganar un asunto judicial por el simple hecho de tener dinero de sobra. Ya les llegó su fiestecita.
En Hidalgo, por este camino deberíamos ir, pero veremos, porque está anunciado que seremos los últimos y nunca los mejores, dice la historia.
Que según reportes avalados por Omar García Harfuch, el antiguo jefe de aquel que se incómoda con las verdades, en Hidalgo operan cárteles del crimen organizado bien identificados. Todo negado hasta el hartazgo por Neri. Recientemente lo confirmó un documento sustentado por autoridades de Estados Unidos, también dijeron que es inexacto. Hasta que les truene el cohete entenderán y creo que ni así aceptarán. El cinismo es lo suyo. ¿O hay complicidad?