Un abogado debe saber escuchar, analizar los hechos, investigar y construir argumentos. También debe entender que detrás de cada expediente existen personas, familias y derechos que pueden verse afectados por una decisión jurídica

En las aulas de Derecho existe una práctica muy común: creer que el mejor estudiante es aquel que logra memorizar más artículos, conceptos y definiciones. Sin embargo, cuando un abogado se enfrenta a un problema real, el asunto no llega dividido por temas ni señala cuál es la ley que debe aplicarse.
La práctica profesional exige mucho más que buena memoria. Un abogado debe saber escuchar, analizar los hechos, investigar y construir argumentos. También debe entender que detrás de cada expediente existen personas, familias y derechos que pueden verse afectados por una decisión jurídica. Por eso, enseñar Derecho no debería limitarse a explicar códigos o pedir que los alumnos repitan conceptos.
La verdadera enseñanza consiste en ayudarlos a formar un criterio propio. José Vasconcelos consideraba que la educación debía formar personas capaces de valerse por sí mismas y de utilizar sus conocimientos en beneficio de los demás. Esta idea sigue siendo importante, especialmente en una profesión como el Derecho, en la que el conocimiento no debería utilizarse únicamente para obtener un beneficio personal, sino también para servir a la sociedad. Por su parte, Jaime Torres Bodet defendía una educación que desarrollara de manera integral las capacidades del ser humano y que estuviera relacionada con valores como la justicia, la democracia y la solidaridad.
En la formación de los futuros abogados, esto significa que no basta con conocer las leyes. También es necesario actuar con ética, responsabilidad y sensibilidad ante los problemas de otras personas. Un estudiante puede saber de memoria el contenido de un código y, aun así, no saber qué preguntarle a un cliente, cómo reaccionar frente a una injusticia o cómo distinguir entre lo legal y lo correcto. Por eso considero que las clases deben incluir casos prácticos, debates, ejercicios de argumentación y situaciones que obliguen a los alumnos a tomar decisiones. El objetivo no es entregarles todas las respuestas, sino enseñarles a buscarlas, analizarlas y defenderlas.
México no necesita abogados que únicamente repitan leyes, necesita profesionistas que sepan pensar, investigar, escuchar y reconocer cuando todavía tienen algo que aprender. Una ley puede memorizarse para un examen, pero ejercer el Derecho requiere criterio, ética y conciencia.
Formar abogados también implica enseñarles que el conocimiento jurídico adquiere verdadero sentido cuando se utiliza para ayudar a los demás.
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