La actual Legislatura del Congreso del estado ha puesto sobre la mesa una iniciativa que, sin duda, marcará el debate político rumbo a la próxima sucesión: obligar a los partidos políticos a postular a una mujer como candidata al Poder Ejecutivo

José Raquel Badillo
La actual Legislatura del Congreso del estado ha puesto sobre la mesa una iniciativa que, sin duda, marcará el debate político rumbo a la próxima sucesión: obligar a los partidos políticos a postular a una mujer como candidata al Poder Ejecutivo. Presentada como un avance en materia de igualdad sustantiva, la propuesta abre una discusión necesaria, pero también incómoda, sobre los límites entre la paridad de género, la convicción democrática y la eventual simulación política.
De acuerdo con la Constitución vigente, tanto hombres como mujeres pueden aspirar a cualquier cargo de elección popular, siempre que cumplan con los requisitos establecidos. Esta iniciativa, sin embargo, elimina de manera tajante la posibilidad de que los hombres sean considerados, restringiendo el principio de libre postulación bajo el argumento de la paridad.
En términos estrictamente políticos, la propuesta no impacta por igual a todos los partidos. Mientras que para Morena representa una ventaja estratégica, para la oposición significa una clara desventaja. No es responsabilidad del partido en el poder que las fuerzas opositoras hayan regateado históricamente espacios a las mujeres o carezcan hoy de perfiles competitivos. Ahí están los ejemplos: partidos que reciclan los mismos liderazgos elección tras elección, como ocurre en el PRI, donde figuras como la senadora Carolina Viggiano han ocupado cargos de manera recurrente, sin que ello se traduzca en una renovación real ante el electorado.
Bajo este contexto, el género femenino se convierte en un factor que amplía las posibilidades de retener la gubernatura en Hidalgo. Los escenarios serían muy distintos si se permitiera la libre postulación de candidaturas, sin restricciones adicionales. Por ello, no resulta exagerado afirmar que esta iniciativa funciona como un dique político para varios aspirantes dentro de Morena y, al mismo tiempo, como una carambola de tres bandas que reduce significativamente las posibilidades de que la oposición arrebate la estafeta del poder.
En ese sentido, no debe subestimarse que la propuesta tiene, de manera intrínseca, una dedicatoria política. Y si se habla de iniciativas con destinatario, no puede dejarse de lado la eventual discusión sobre la reelección de alcaldes. Vale recordar que los ayuntamientos pasaron de un periodo de cuatro a tres años, con la posibilidad de reelegirse. Lo que parece un ajuste menor se convierte en un problema mayor para muchos ediles de todos los partidos sin exclusión alguna —aunque principalmente de Morena, porque gobierna este partido la mayoría de los 84 municipios—. Muchos alcaldes llegaron apadrinados e hicieron su arribo con bombo y platillos, pero carecen hoy del respaldo ciudadano para refrendar su mandato. Quitarlos de la boleta en 2027 sería prioritario para evitar que abollen la corona que hoy ostentan, dejando a más de un político incipiente marcado con los estragos de la elección y el riesgo de debut y despedida.
DICE RACHY: De los 84 municipios ¿cuántos alcaldes podrían jactarse de pasar por el tamiz para ser reelectos? Sin tener el aval de una encuesta de por medio, me atrevo a aseverar que muy pocos podrían salir avante en las urnas. Aunque desde el punto de vista desde la oposición, donde señalarían inequidad por el uso de los presupuestos en las obras…
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