El desarrollo urbano no es, por sí mismo, un problema.

El crecimiento urbano de Pachuca y Mineral de la Reforma ha sido una constante visible para cualquier habitante de la región: nuevos fraccionamientos, vialidades, centros comerciales y expansión de la infraestructura han modificado profundamente el paisaje que hasta hace pocas décadas estaba dominado por ecosistemas naturales característicos del altiplano hidalguense.
El desarrollo urbano no es, por sí mismo, un problema. Toda ciudad necesita crecer para atender las necesidades de vivienda, movilidad y actividad económica de su población.
El problema surge cuando ese crecimiento ocurre sin una adecuada planeación ambiental o cuando los instrumentos diseñados para proteger el territorio terminan favoreciendo la ocupación de espacios que cumplen funciones ecológicas indispensables para la vida humana.
La solicitud de revisión y corrección presentada recientemente ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (Semarnath) plantea una preocupación de fondo: que el nuevo ordenamiento municipal podría estar debilitando los mecanismos de conservación de áreas estratégicas para la biodiversidad, el agua y la resiliencia climática de toda la región metropolitana.
La relevancia de esta discusión trasciende los límites administrativos de Mineral de la Reforma. Lo que ocurra en este municipio tendrá consecuencias directas para Pachuca y para miles de personas que comparten la misma cuenca, el mismo sistema de acuíferos y los mismos servicios ecosistémicos.
Uno de los aspectos más sensibles señalados en la solicitud es la situación del Parque Ecológico Cubitos y de los ecosistemas que lo rodean.
Estos ambientes suelen ser subestimados. A diferencia de los grandes bosques o selvas, los matorrales semiáridos no siempre son percibidos como espacios de alta riqueza ecológica.
Sin embargo, cumplen funciones esenciales: almacenan carbono, protegen los suelos contra la erosión, regulan procesos hidrológicos y proporcionan hábitat para numerosas especies de flora y fauna.
La solicitud entregada a la autoridad ambiental advierte que las áreas colindantes al Parque Ecológico Cubitos reciben políticas de aprovechamiento sustentable que permiten usos urbanos y actividades económicas sin que existan zonas de amortiguamiento suficientemente robustas. Si esta observación es correcta, estaríamos frente a un problema serio de planeación territorial.
Las áreas naturales protegidas no funcionan como islas aisladas. Su conservación depende en gran medida de lo que sucede en sus alrededores.
Cuando un ecosistema protegido queda rodeado por urbanización intensiva, ruido, iluminación artificial, contaminación o fragmentación del hábitat, sus procesos ecológicos comienzan a deteriorarse incluso si el polígono protegido permanece legalmente intacto.
El propio documento presentado a Semarnath señala que diversas zonas de recarga hídrica no cuentan con esquemas de protección acordes con su importancia estratégica.
Esta observación merece especial atención porque la disponibilidad de agua se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales de las ciudades mexicanas.
La expansión urbana suele implicar la impermeabilización progresiva del suelo mediante pavimentos, vialidades, estacionamientos y construcciones.
Cuando el suelo pierde su capacidad de infiltración, disminuye la recarga de los acuíferos y aumenta la escorrentía superficial.
En una región que ya enfrenta presiones sobre sus recursos hídricos, cualquier reducción de las áreas de infiltración puede traducirse en problemas futuros de abastecimiento. El agua que hoy parece abundante puede convertirse mañana en uno de los factores más limitantes para el desarrollo económico y social de la metrópoli.
A ello se suma el contexto del cambio climático.
Las ciudades son cada vez más vulnerables a fenómenos extremos como sequías prolongadas, lluvias intensas, inundaciones repentinas y olas de calor. Frente a estos riesgos, los ecosistemas naturales funcionan como infraestructura ambiental.
Los suelos conservados infiltran agua, la vegetación regula temperaturas y los corredores ecológicos aumentan la capacidad de adaptación de los paisajes.
Por ello resulta preocupante que, según la solicitud de corrección, algunas áreas que contaban con esquemas de conservación más estrictos en instrumentos estatales hayan sido reclasificadas bajo categorías de aprovechamiento más flexibles.
La preocupación no radica únicamente en la posible pérdida de vegetación. El verdadero problema es la reducción de la capacidad del territorio para enfrentar los impactos climáticos que ya se están manifestando.
La biodiversidad no depende únicamente de la existencia de áreas protegidas aisladas. Las especies requieren desplazarse, intercambiar material genético y acceder a distintos hábitats para mantener poblaciones viables en el largo plazo.
Cuando el crecimiento urbano fragmenta los ecosistemas, los remanentes naturales quedan aislados unos de otros. Con el tiempo, esta desconexión reduce la resiliencia ecológica y aumenta el riesgo de desaparición local de especies.
La solicitud presentada propone precisamente la incorporación de corredores ecológicos y la definición de criterios específicos de conectividad. Lejos de ser una demanda radical, se trata de una práctica ampliamente reconocida en la planificación ambiental contemporánea.
En el fondo, la discusión sobre el Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL) de Mineral de la Reforma plantea una pregunta fundamental: ¿qué modelo de desarrollo desea construir la zona metropolitana de Pachuca?
Los instrumentos de ordenamiento ecológico deben servir para anticipar problemas futuros y no para legitimarlos una vez que se han vuelto inevitables.
Si existen dudas razonables sobre la suficiencia de las medidas de protección propuestas, lo responsable es revisarlas con transparencia, sustento técnico y participación ciudadana.
La solicitud entregada a Semarnath no plantea detener el desarrollo urbano de Mineral de la Reforma, sino algo más elemental: garantizar que el crecimiento ocurra sin comprometer los sistemas naturales que sostienen la calidad de vida de la población.
La verdadera riqueza de una ciudad no se mide únicamente por el número de viviendas construidas o por la extensión de su mancha urbana. También se mide por la calidad de su aire, la disponibilidad de agua, la conservación de sus ecosistemas y su capacidad para enfrentar los desafíos ambientales del futuro.
La discusión sobre el POEL representa una oportunidad para decidir qué legado ambiental se dejará a las próximas generaciones. Ignorar las señales de alerta podría resultar mucho más costoso que atenderlas hoy.
La revisión del Programa de Ordenamiento Ecológico Local de Mineral de la Reforma no debe interpretarse como un obstáculo para el desarrollo, sino como una oportunidad para fortalecerlo.
La protección del Parque Ecológico Cubitos, de las zonas de recarga hídrica y de los ecosistemas remanentes de la región constituye una inversión en seguridad hídrica, resiliencia climática y calidad de vida. Si las observaciones planteadas en la solicitud tienen fundamento técnico, las autoridades están obligadas a analizarlas con seriedad.
El futuro ambiental de Mineral de la Reforma y de toda la zona metropolitana de Pachuca dependerá, en buena medida, de que las decisiones territoriales de hoy se tomen con visión de largo plazo y bajo el principio de que el desarrollo y la conservación no son objetivos opuestos, sino complementarios.
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