Con esta emotiva despedida todos los alumnos, los maestros y la gente nos dirigimos al nuevo edificio, unos en camiones y otros, como era la costumbre, nos fuimos caminando, cantando, echando porras, felices con todo el entusiasmo

Al ser creada la Universidad Autónoma de Hidalgo, en 1961, se separaron los estudios de la secundaria porque ya no compaginaban con el sistema universitario, por lo cual el gobierno creó la Escuela Secundaria Oficial de Pachuca. Los alumnos de preparatoria continuaron recibiendo clases en el antiguo edificio de Mariano Abasolo, hoy denominado Centro Cultural Universitario La Garza, donde el espacio se compartía con la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales, la de Ingeniería Industrial y la de Trabajo Social, en sana convivencia entre todos. Obviamente, al paso del tiempo, la población estudiantil fue creciendo y el espacio resultó insuficiente, por lo cual el entonces rector, licenciado Juventino Pérez Peñafiel, pensó en la conveniencia de dar solución a dicho problema, emigrando al alumnado preparatoriano a un nuevo edificio.
La historia comienza en mayo de 1964, cuando se anunció la visita del candidato a la presidencia de la República, licenciado Gustavo Díaz Ordaz, quien fue recibido por el rector y el estudiantado de la escuela más grande del estado. Interesado en conocer los problemas de las casas de estudios superiores, el candidato ofreció, en caso de llegar a ocupar el más alto cargo en la República, apoyar a la mejora de las instalaciones como sería la creación de una escuela, la Preparatoria Número 1.
Lo primero que se hizo fue buscar un terreno adecuado, por lo cual una comisión integrada por representantes de la Universidad Nacional, de la Universidad de Hidalgo, del gobierno del estado, del CAPFCE, de la presidencia municipal, de la Asociación de Universidades y del Programa de la Vivienda, se encargaron de localizarlo. Este debía ser al sur de la ciudad, dada la facilidad de traslado de los estudiantes y porque la ampliación y la urbanización de la ciudad se planeaba hacia el sur, eligiendo el ubicado en la llamada prolongación de avenida Juárez, frente al monumento a Hidalgo.
Yo cursaba primer año de la preparatoria y vivía enfrente del terreno de 25 mil metros cuadrados, por lo cual fui testigo de cuando lo empezaron a limpiar, ya que estaba lleno de matorrales y se decía: “Está ubicado a la salida de la ciudad, sobre la carretera a Ciudad de México”. Ahí estaría nuestra nueva escuela, de la cual seríamos fundadores.
En octubre de 1964 hubo un acto simbólico, con la colocación de la primera piedra, que estuvo a cargo del gobernador, licenciado Carlos Ramírez Guerrero; el rector, Juventino Pérez Peñafiel; el alcalde, doctor Adalberto Cravioto Meneses; el director de la preparatoria, licenciado Carlos Borja Meza, el secretario, licenciado Enrique Gutiérrez Escobedo y un grupo de catedráticos de la institución. Ese día el decano de catedráticos, doctor Pilar Licona Olvera, pronunció un bello discurso en el cual dejó ver que, a pesar de que las antiguas instalaciones guardaban sus recuerdos de estudiante, era tiempo de dar paso a la modernidad; “por eso las escaleras del Instituto Científico, bautizadas por el poeta (doctor Jesús Morales Monter) como ‘El Caminito de Gloria’, ya no sentirán el paso de las juventudes presurosas; los corredores del instituto enmudecerán y solo han de evocar la garrulería de los estudiantes al salir de clases; los rincones del instituto no serán testigos de las promesas de amor eterno, ya la garza simbólica dejará de ser cantada por los jóvenes”.
Pasado el tiempo, a principios del año 1966, los directivos nos hicieron extensiva una invitación para que los alumnos y los exalumnos de varias decenas de generaciones que radicaban tanto en Pachuca como en el resto de las poblaciones del estado, o en muchas ciudades del país, asistieran con el fin de testimoniar la ceremonia de la despedida del viejo edificio de la calle Mariano Abasolo.
Todos los estudiantes, junto con los profesores y el personal de la institución, así como todos los que quisieron ser testigos de ese importante momento, con bulliciosa alegría, nos colocamos en las escalinatas esperando la llegada del gobernador del estado, Carlos Ramírez Guerrero, quien, además de ser exalumno, era un reconocido orador. Hizo notar que aun cuando la nueva escuela sería abanderada dentro de poco tiempo por el presidente de la República, él la ponía al servicio de la juventud para que desde ese momento se iniciaran las clases.
Con esta emotiva despedida todos los alumnos, los maestros y la gente nos dirigimos al nuevo edificio, unos en camiones y otros, como era la costumbre, nos fuimos caminando, cantando, echando porras, felices con todo el entusiasmo.
Ya en la Preparatoria Número 1, hicieron uso de la palabra el decano, doctor J. Pilar Licona Olvera, el joven Fernando del Campo Ávila, presidente de la Sociedad de Alumnos y el licenciado Carlos Borja Meza, director de esta.
Entre los asistentes estuvieron también el director de la Escuela de Medicina, doctor Alberto Zoebisch; el director de la Escuela de Ingeniería, ingeniero Arturo Peón Ancona; el director de la Preparatoria No. 2, licenciado Rafael Arriaga Paz; la directora de la Escuela de Trabajo Social, doctora Alicia Bezíes de Baños; el secretario general de Gobierno, licenciado Rubén Licona Ruiz; el secretario de la UAH, doctor Pedro Espínola; el tesorero de la UAH, profesor Tomas Devereux; el general Gabriel Leyva Velásquez, de la XVIII Zona Militar, y catedráticos de las diversas escuelas de la universidad, así como funcionarios de gobierno.
Concluida la ceremonia que se efectuó en el gimnasio de la nueva escuela, todos los invitados y los alumnos hicimos un recorrido por todas las instalaciones. Con esta ceremonia de despedida, quedaba atrás toda una época de grandes recuerdos del viejo edificio de Mariano Abasolo, que nos cobijó a todos los que pasamos por sus aulas.
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