¿Se ha preguntado alguna vez cómo responde normalmente a las situaciones de conflicto? Existen test que con base en la valoración numérica de una serie de indicadores pueden clasificarle en estilos. Según Kraybill, existen cinco estilos a saber: cooperador, directivo, negociador, evitativo y armonizador.

¿Se ha preguntado alguna vez cómo responde normalmente a las situaciones de conflicto? Existen test que con base en la valoración numérica de una serie de indicadores pueden clasificarle en estilos. Según Kraybill, existen cinco estilos a saber: cooperador, directivo, negociador, evitativo y armonizador.
Nuestras sociedades están inmersas en violencias de todo tipo que nos están afectando mucho. Ahora bien, violencia y conflicto no son lo mismo. El primer término es definido por la OMS como el uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
Se dice que hay un conflicto cuando dos o más partes perciben que sus objetivos son incompatibles; sin embargo, el conflicto genera la oportunidad de cambios positivos en la relación. El conflicto puede ser negativo o positivo, todo depende de nuestra manera de gestionarlo. Un conflicto mal manejado puede derivar en violencia.
En nuestro país, un día sí y al otro también, conocemos de alguna de las expresiones de la violencia ejercida sobre cualquier persona. Pareciera que nadie se salva, que cualquiera de nosotros puede ser víctima. Desde la violencia relacionada con el narcotráfico, el narcomenudeo, el crimen en general, los feminicidios en específico, hasta las explosiones violentas en la vía pública, en el supermercado, en las escuelas.
Hablando de violencias, en redes sociales se ha difundido ampliamente el caso del influencer Rodolfo Márquez, conocido como Fofo, de 26 años, quien, en un incidente de tránsito menor en febrero de 2024, propinó una violenta golpiza a la señora Edith, de 56 años. Las imágenes del hecho viralizadas generaron, con toda razón, un repudio total en contra del agresor. La saña con que la ataca hace incluso que el video sea difícil de ver.
No abordo aquí el asunto desde el punto de vista jurídico que ha generado posturas que respaldan la sentencia que declara culpable al influencer de intento de feminicidio o quienes consideran que el delito debió ser clasificado como lesiones. Tampoco en qué medida las redes sociales y medios impactan en la justicia penal, analizando su influencia o presión.
La reflexión aquí, ante este y muchos otros casos, nos lleva a cuestionar: ¿por qué México vive con tanta violencia? ¿Por qué nuestras escuelas son reproductoras de violencias? ¿Por qué con frecuencia los conflictos escalan incontrolables? ¿Por qué las relaciones sociales, familiares y personales son muchas veces conflictivas o violentas? Una de las respuestas es que no hemos sido educados para la paz, hemos sido educados para la competencia.
No hemos sido formados para manejar nuestras emociones, reconociéndolas para ser capaces de canalizarlas de forma positiva, transformadora, constructiva. No hemos aprendido a dialogar a través de comunicación efectiva y asertiva y escucha activa. Presentamos carencias para hablar de los conflictos que se enfrentan y tener herramientas para su solución pacífica.
Si una sociedad quiere construir paz debe ser educada para la paz. La paz no ocurre, se construye. Educar para la paz es un proceso de formación continuo y dinámico que nos permitirá entender y practicar formas no violentas de transformación de conflictos personales y sociales.
La paz no es innata, no es inherente, no es gratuita. Hay que aprenderla y hay que ejercitarla.
La madre del violentador Rodolfo N dijo, entre otras cosas: “Ojalá hubiere elegido no perder el control, no dejarse llevar por el enojo. Por ocho segundos de violencia perdió una vida de paz teniéndolo todo: salud, juventud, trabajo, era muy afortunado”. En efecto, era, pues ahora este personaje es un procesado en espera de sentencia.
La violencia no puede ser justificada ni tolerada en ninguna condición o circunstancia.
No hay duda de que nuestra sociedad debe construir paz y tenemos que ser educados para ello. No es fácil, requerimos poder, entendido como la posesión de capacidades, habilidades y herramientas. La SEP ya contempla la formación en Cultura de Paz, hace falta una estrategia que involucre a la sociedad en su conjunto con una decidida participación de los medios de información y comunicación.
¿Se acuerda de la campaña publicitaria “Cuenta hasta diez”? Era muy buena, puede buscarla en internet. Tal vez si el joven Rodolfo hubiera echado mano de ella, otra historia estaríamos contando.