En este rol de gestor escolar, el director no solo requiere de una formación especializada que favorezca sus conocimientos sobre la gestión, planeación estratégica, evaluación, liderazgo y normatividad escolar, sino también que le permita desarrollar competencias para responder de manera eficaz y eficiente a las necesidades del contexto actual.

Los cambios políticos, económicos, sociales y culturales del siglo XXI han impactado de manera directa en la educación, en México se han realizado una serie de cambios en el Sistema Educativo Nacional que incluyen la transformación de los roles directivos, en donde el director escolar ha dejado de ser un administrador de recursos para convertirse en un gestor escolar, cuya principal responsabilidad es la de liderar los procesos de cambio que requieren las escuelas.
En este rol de gestor escolar, el director no solo requiere de una formación especializada que favorezca sus conocimientos sobre la gestión, planeación estratégica, evaluación, liderazgo y normatividad escolar, sino también que le permita desarrollar competencias para responder de manera eficaz y eficiente a las necesidades del contexto actual. Así, esta figura de autoridad es capaz de analizar las necesidades de la institución, tomar decisiones informadas, establecer prioridades y diseñar estrategias que apoyen los procesos de enseñanza–aprendizaje. Estas acciones se encuentran respaldadas por un equipo de trabajo que ha sido elegido no solo para delegar responsabilidades de manera efectiva, sino también para llevar a cabo un liderazgo compartido que favorezca el compromiso y la corresponsabilidad de toda la comunidad escolar.
Es en este sentido que toman mayor relevancia las habilidades que el director escolar debe tener destacando su capacidad para inspirar, motivar y orientar a docentes, directivos, estudiantes, padres de familia y a la comunidad en general hacia el logro de objetivos comunes; administrar eficientemente los recursos financieros, humanos y materiales; resolver conflictos mediante el diálogo y la negociación; comunicarse de forma clara, asertiva y empática e impulsar la innovación para responder a los desafíos educativos actuales.
Sin duda, este nuevo rol puede generar en los directores estrés y estragos en su salud socioemocional, por ello, otras de las competencias fundamentales que deben desarrollar es el autodominio, pues deben regular sus emociones y actuar con equilibrio frente a situaciones de presión o incertidumbre; y la resiliencia que les permite enfrentar dificultades, aprender de la experiencia y adaptarse a los cambios sin perder de vista la misión, visión y filosofía institucional.
Otro aspecto en lo que el gestor escolar debe trabajar continuamente es en el don de gentes, esa habilidad que les permite construir relaciones basadas en la confianza, el respeto, la empatía y la colaboración.
Es así como en el contexto actual, el director escolar se consolida como un líder estratégico que integra conocimientos, habilidades y valores para impulsar una gestión escolar orientada a la mejora continua. Su liderazgo trasciende y lo convierte en un agente de cambio que fortalece una cultura educativa centrada en la calidad, la innovación, la inclusión y el desarrollo integral de la comunidad escolar, lo que contribuye al cumplimiento de los objetivos educativos y a la formación de ciudadanos capaces de enfrentar los retos de una sociedad en constante transformación.
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