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Hace 2 horas

De salidas y otros temas

Haber asistido a ese evento me llenó de mucha emoción, porque mi pequeña sobrina apenas terminó un escaloncito de los muchos que le faltan en su formación académica.

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Escribo estas líneas horas después de que mi amada sobrina me hubiera invitado a su ceremonia de terminación de estudios del preescolar. Haber asistido a ese evento me llenó de mucha emoción, porque mi pequeña sobrina apenas terminó un escaloncito de los muchos que le faltan en su formación académica.

Durante el evento, me quedé pensando el esfuerzo enorme de los padres para tener a sus hijos en escuelas privadas. Fue un evento general para festejar la terminación de estudios del nivel básico, desde preescolar hasta secundaria. Son casi 12 años de formación de educación básica.

Hace nueve años tuve la fortuna de combinar este noble oficio del periodismo con la docencia, como maestro de inglés en la misma escuela que mi sobrina ayer concluyó su tercer grado de preescolar. De tal modo que los alumnos que terminaron sus estudios de secundaria, en algún momento, los tuve como mis estudiantes de inglés ¡cuando cursaban el segundo grado de primaria! 

De verdad que me conmoví como los padres al ver a los ahora adolescentes subir al estrado y recibir su diploma, pero sobre todo me enorgullecí cuando reconocieron a estudiantes por haber tenido un excelente desempeño en el idioma inglés y salir ya de la secundaria con su certificación del dominio del idioma extranjero, algo a lo que, por supuesto, contribuí.

Por la tarde acompañé a mi sobrina a clases de patinaje y, cuando volvía a casa para ponerme a escribir estas líneas, pasé por una escuela primaria federal, que también celebrara la conclusión de los estudios básicos.

Afuera de la institución, decenas de alumnos, emocionados, abordaban los vehículos que con esmero sus padres adornaron para salir a dar la vuelta alrededor de la escuela mientras animaban a los que pasaban con el claxon. Sin duda se sentía la emoción.

Ambas situaciones me hicieron pensar en el enorme esfuerzo que los padres hacen con sus hijos para mantenerlos en la escuela, ya sea pública o privada, pero siempre para garantizar su formación académica.

Yo todavía recuerdo cuando di el paso que mi sobrina dio ayer. Recuerdo que le pedí a la fotógrafa de la escuela ser mi madrina y mi regalo fue una pelota y un juego de mesa de turista mundial. Con ambos presentes pasé horas de diversión con mis hermanos.

Y así es la vida, va dando vueltas y ciclos. Espero tener la fortuna de poder seguir vivo muchos años más para ver a mi sobrina concluir el grado académico más alto que exista dentro del ámbito en el que ella desee desenvolverse.

Y por supuesto, que sus padres la sigan apoyando como hasta ahora han hecho. Pero también deseo que el mundo sea de muchas oportunidades para todos los pequeños que hoy concluyen una etapa académica más.

Porque, seamos sinceros, no es la misma educación la que hoy reciben que la recibimos nosotros hace 30 años (los mismos años que tiene que dejé el preescolar).

Antes apenas nos empezaban a enseñar a usar una computadora, un procesador de textos; ahora los niños ya tienen que lidiar o aprender a utilizar la inteligencia artificial.

A nuestra generación nos tocó ver cómo el internet se empezó a popularizar. Nos tocó ir a hacer tareas a un cibercafé, a buscar información para la tarea en la Encarta. Ahora ya el internet está en casa y es raro quien no tenga acceso a la red mundial si quiera desde un dispositivo móvil.

Antes el inglés era una materia que daba plusvalía a una escuela, porque se caracterizaban por tener los mejores maestros; ahora ya casi lo enseñan en todas las escuelas.

¿Cómo será la educación en el futuro? ¿En los próximos 30 años? ¿Qué aprenderán los alumnos? ¿A qué retos se van a enfrentar? Sin duda, veremos entonces qué temas van surgiendo con el pasar de los años.

Por lo pronto, a vivir el presente. ¡Enhorabuena a todos aquellos que concluyen una etapa de formación académica!: nivel básico, medio superior, superior o posgrado. Todo esfuerzo vale la pena. Y recordar siempre: ser agradecidos con aquellos que nos enseñan e inspiran, especialmente hablando del ámbito educativo.

SU CINTO: Por supuesto, un reconocimiento también a los padres que deben dejar encargados a sus hijos para que puedan los pequeños estudiar y ellos irse a trabajar. Las dinámicas familiares son individuales e importantes, por eso siempre es importante no juzgarlas. ¡Felicidades!, porque ese esfuerzo se verá recompensado poco a poco. Aunque a veces nos cueste trabajo entenderlo o llevar a cabo algunas cosas para lograrlo, todo esfuerzo siempre vale la pena. ¡Hasta la próxima semana!

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