Tal lugar quedó reducido a escombros tras un voraz incendio suscitado la madrugada del domingo 14 de diciembre de 1926, lo que fue aprovechado por el gobierno del coronel Matías Rodríguez Melgarejo para acabar con aquel centro de insano comercio y vicio

En lo que fueran el atrio y panteón del antiguo y desaparecido convento de la Merced —para entonces ya ocupado por la capilla del Carmen— se fueron estableciendo, desde finales del siglo XIX, cuando la ciudad experimentó su más importante crecimiento urbano, un buen número de barracas y puestos semifijos, donde se expendían lo mismo verduras que carnes de pollo, pescado y res, así como alimentos tradicionales y, sobre todo, los famosos tés de hojas —de naranja y manzanilla— acompañados de su respectivo “piquete” de aguardiente, muy del gusto de los mineros que los consumían al salir del turno de la noche.
Tal lugar quedó reducido a escombros tras un voraz incendio suscitado la madrugada del domingo 14 de diciembre de 1926, lo que fue aprovechado por el gobierno del coronel Matías Rodríguez Melgarejo para acabar con aquel centro de insano comercio y vicio. De inmediato encargó a su “director de Obra Pública”, el ingeniero militar Abel Valdés Monroy, originario de Ixmiquilpan, que construyera en ese sitio un gran mercado que, en recuerdo del nombre de la plaza, se denominó “Barreteros”, aludiendo a los hombres que, barreta en mano, horadan la roca para explorar cada veta encontrada en la mina.

La primera imagen muestra el estado en que quedó la vieja plazuela de Barreteros tras el incendio de diciembre de 1926. Como podrá observarse, era una explanada de buenas proporciones donde hasta los últimos años del siglo XIX se encontraba el cementerio del templo mercedario dedicado a la virgen del Carmen, convertido, al iniciarse el siglo XX, en un centro de comercio informal integrado con barracas y manteados construidos en medio de los lodazales que se formaban en época de lluvias. Tal vez fue el lugar más frecuentado por las familias de la enorme vecindad de Tejas o de las Tejas, no de Texas, como lo escribe la nomenclatura actual.
En el lugar de aquella explanada invadida por barracas y puestos de mala muerte, fue inaugurado el 16 de septiembre de 1927 el flamante mercado de Barreteros, aquí fotografiado al día siguiente de su inauguración. Su fachada, en cantera de Tezoantla (la misma con la que se edificó el monumental Reloj de Pachuca), enmarcó a aquel gran centro de abasto, amplio y aseado, techado con una gran estructura de acero y lámina fabricada en la ciudad de Monterrey.

A su inauguración asistió el secretario de Economía, Luis N. Morones, en representación del presidente de la República, lo que revela el interés de don Plutarco Elías Calles por este tipo de obras.