El consumo de vino a lo largo de la historia forma parte del valor cultural, y aunque sabemos que el abuso en su consumo puede llegar a ser perjudicial en la salud, un consumo moderado puede traer beneficios…

El consumo de vino a lo largo de la historia forma parte del valor cultural, y aunque sabemos que el abuso en su consumo puede llegar a ser perjudicial en la salud, un consumo moderado puede traer beneficios. Estudios científicos han demostrado que el vino contribuye al bienestar cardiovascular, ya que cuenta con compuestos como los polifenoles y el resveratrol, además, se le atribuyen propiedades antioxidantes, antiinflamatorias e incluso efectos positivos en el estado de ánimo de quienes lo consumen.
De acuerdo con datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Estados Unidos encabeza la lista de consumo con más de 33.31 millones de hectolitros anuales, seguido por Francia e Italia. Sin embargo, el consumo per cápita es distinto, en este caso es El Vaticano quien lidera la lista, con un consumo promedio de 74 litros por persona al año, es decir, 100 botellas; otros microestados que figuran en el ránking es Andorra, con un consumo de 46 litros por persona, y Gibraltar, con casi 28 litros por habitante, en esta lista también se encuentra Francia, Italia, Reino Unido y España.
Como podemos ver, la mayoría del consumo se encuentra en países europeos, pero en América Latina tenemos que Argentina y Chile son los principales productores y consumidores de vino, seguidos por Brasil, México y Colombia. En nuestro país la industria del vino avanza cada día: según cifras del Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), al día de hoy, 17 estados producen uva industrial, con aproximadamente 9 mil 430 hectáreas plantadas para vino y se tienen registrados 550 proyectos vitivinícolas, lo que da empleo directo a más de 500 mil personas.
En cuanto al consumo, durante la última década no superaba el medio litro per cápita; sin embargo, ha alcanzado 1.38 litros anuales, el cual proviene principalmente de la producción nacional, liderada por Baja California, Coahuila, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes. Es importante comentar que el valor de mercado nacional de la industria vinícola es mayor a los 34 millones de pesos.
Hablemos ahora de los vinos importados: en 2024 nuestro país aumentó sus importaciones de vino en un 26.5 por ciento. El aumento ha sido sostenido y constante durante los últimos tres años, con niveles por encima de los 30 millones de litros por semestre y una facturación aproximada a los 155 millones de dólares, siendo el vino no espumoso el que lidera en el mercado interno, representando un 72 por ciento del volumen de importación y las tres cuartas partes de la facturación total, el resto se distribuye en vino espumoso y los vinos a granel y en presentación Bag-in-Box (BiB), estas importaciones provienen principalmente de España, Italia, Francia, Chile y Argentina.
Por otro lado, la exportación de los vinos nacionales se da principalmente a los Estados Unidos, Ghana, Japón, Francia y Costa Rica, alcanzando casi mil millones de dólares, lo que representó un crecimiento del 15.3 por ciento con respecto a 2023, de acuerdo con datos de Infobae. Un dato relevante es el monto total del intercambio comercial de vino en 2024 en nuestro país que fue de 73.8 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Economía.
En este contexto nacional e internacional Hidalgo no es la excepción y actualmente ya se producen vinos de mesa en la entidad y seguramente veremos un crecimiento de la actividad vitivinícola en los próximos años.
La producción del vino es más que un proceso agrícola o industrial, es una expresión de cultura y tradición. La calidad y sabor, que refleja el cuidado y la dedicación de quienes hacen posible que esta bebida llegue a nuestras mesas. Por ello habrá que brindar por el éxito de los vinos mexicanos, muy en particular de los hidalguenses.
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