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Alcalde de Chilcuautla, un ejemplo del cinismo y la desfachatez

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Si se lo preguntamos a él, lo más probable que confunda los términos y sugiera que lo que él hizo, es más bien un gesto de honestidad y no un acto flagrante de cinismo a raja taba, al referir que sí formó parte de la denominada Estafa Siniestra, pero que, en su caso, devolvió los recursos millonarios.

El presidente municipal de Chilcuautla, Valente Martínez Mayor, aludió a la honestidad, como un principio rector de su vida y quehacer público, al asegurar que él sí fue parte de la trama conocida como Estafa Siniestra, pero que devolvió el dinero a la tesorería del estado.

Lo dijo frente al gobernador, Julio Menchaca y frente a Santiago Nieto. Dijo, que no cayó en las tentaciones del “Diablo”, una ocurrencia por supuesto, porque de contar con mínimo un dedo de decencia, debió ofrecer disculpas a su pueblo y a Hidalgo. Lo entenderíamos, porque es de humanos errar.

Sin embargo, el alcalde, asumiendo una postura de víctima, no explicó, que para ser considerado dentro de los presidentes municipales que apoyarían a triangular los millonarios recursos de esta Estafa, primero formaron parte de un grupo que cabildeó por supuesto que no fue un hecho fortuito o circunstancial.

Los presidentes recibían el dinero a sus cuentas del municipio, destinados para obra pública, acciones sociales, para combatir al Covid19, entre muchos otros rubros entonces se hacía una simulación y a través de empresas fantasma se hacían los pagos y en este caso, los alcaldes se beneficiaban con el 10 por ciento, libres de polvo y paja, viéndolo desde esa perspectiva, era un buen negocio.

Valente Martínez Mayor, recibió el dinero previo a las elecciones del año pasado cuando aún él formaba parte del PRD. Entonces, cuando se incorporó a Morena, uno de los requisitos fue devolver los recursos millonarios y revelar la trama, la cual tiene hoy en capilla a 13 presidentes municipales, quienes sí sucumbieron a este mecanismo de corrupción, el más relevante descubierto en los últimos años y que ha sacudido a la política en el estado.

El presidente municipal, no es un hombre honesto ni cabal, basta con revisar sus antecedentes. Actualmente, es uno de los alcaldes mejor pagados en el estado con casi 60 mil pesos mensuales, sin considerar otras prebendas o bien, los contratos de obra pública en favor de su empresa, la cual antes de tomar protesta, hizo los movimientos para cambiar el nombre del representante legal y de esta manera, construir una fachada para beneficiarse de los recursos públicos.

De vivir en un estado de derecho de medio pelo, el presidente municipal debería ser investigado por estos y otros hechos. Actualmente, el presidente goza de la impunidad, en ejercicio pleno de sus funciones, blindado por sus protectores, navegando en el cinismo y la desfachatez que otorga el poder temporal de una presidencia municipal de pueblo, donde aún los ciudadanos mantienen apatía sobre sus derechos, como es la exigencia para que su autoridad municipal rinda cuenta, transparente sus ingresos y vigilarle las manos, como en este caso que merece una revisión profunda.

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