Hay hechos que, por su importancia, aunque pase el tiempo, hay que recordar

Hay hechos que, por su importancia, aunque pase el tiempo, hay que recordar. En Hidalgo, durante la época contemporánea no se había presentado la destitución de un gobernador, la renuncia por motivos de salud ni había sido derribado por la federación. Es por eso por lo que se recuerda el 29 de abril de 1975, en que sucedieron hechos que cambiaron el rumbo de la historia.
Entonces, se decía que Hidalgo era totalmente priista, revolucionario; que el PRI tenía aquí su mejor trinchera y la candidatura del doctor Otoniel Miranda Andrade, como sucesor de Manuel Sánchez Vite, se había presentado sorpresivamente, pues este no tenía un perfil de político, pero era el designado.
Después de haber resultado electo Miranda, a su toma de posesión asistió el presidente de la República, Luís Echeverría Álvarez, quien en su discurso mencionó frases significativas como: “Acabar con el caciquismo y la arbitrariedad en Hidalgo”, “El progreso de Hidalgo se dará si todos nos disponemos a destruir toda expresión de cacicazgo”.
Así, quedó de manifiesto la pugna entre Echeverría y el exgobernador Sánchez Vite, pero Miranda Andrade, dispuesto a iniciar su gobierno, procedió a integrar su gabinete con Heriberto Pfeiffer Cruz, secretario de Gobierno; César Vieyra Salgado, director de Gobernación; Abel Ramírez Acosta, tesorero; Roberto Valdespino Castillo, procurador de Justicia; Waldo Lechuga Traspeña, jefe de Servicios Coordinados de Salud; Francisco Rivero Nava, director de Educación; Prisciliano Gutiérrez Hernández, director de Turismo; Rafael Arriaga Paz, oficial mayor; Armando Medina Maytorena, jefe de la Policía Judicial; Alejandro Straffon Arteaga, director general de Seguridad Pública; Arturo Sánchez Jiménez, director en Obras Públicas, Hernán Mercado Pérez, jefe de Prensa y Relaciones Públicas, y Otoniel Miranda Negrete, proveedor general de gobierno. En el Tribunal Superior de Justicia fueron nombrados, como presidente, Francisco Figueroa Rossete, y como magistrados Juan Manuel Delgado Díaz, Raúl Baños Lara, Ramiro Lara Arroyo y Benito Téllez Gress.
ANTECEDENTES A NIVEL NACIONAL
La efervescencia política en el ámbito nacional estaba en su expresión más elevada por el próximo cambio de titular del Ejecutivo federal, pues la mayor parte de los secretarios de Estado se consideraban con derechos para llegar a la presidencia de la República, como Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación; Augusto Gómez Villanueva, secretario de la Reforma Agraria; Hugo Cervantes del Río, secretario de la Presidencia; Carlos Gálvez Betancourt, director del IMSS, y José López Portillo, secretario de Hacienda y Crédito Público.
La mayor parte de los candidatos había ya designado sus redes de avanzada, integradas con simpatizantes y seguidores en la capital de la República y en varios estados del país.
ANTECEDENTES A NIVEL LOCAL
En Hidalgo se había constituido un equipo encabezado por Manuel Sánchez Vite, primero como gobernador y luego como renombrado personaje político, secundado por el doctor Otoniel Miranda, su sucesor.
La candidatura fue posible gracias a que el licenciado Sánchez Vite casi obligó a sus entonces amigos de luchas y equipo en el CEN del PRI, que recién había dejado, y comprometió al titular del Sector Popular, Oscar Tapia, para que, en un acto político desarrollado en el gimnasio presidente Miguel Alemán, de Pachuca, declarara candidato de ese organismo a su compadre, avalado por el delegado del CEN del PRI en Hidalgo, Jesús Macías.
El titular del sector obrero nada dijo, a pesar de las protestas de Celestino Salcedo Monteón, del campesino, que era incondicional y vocero de Augusto Gómez Villanueva, secretario de la Reforma Agraria, y surge así la decisión de exaltar la candidatura de Miranda al gobierno.
Esta lucha por el poder derivó como consecuencia en un verdadero choque de trenes entre el centro de la República y el estado de Hidalgo, que culminó cuando el doctor Miranda, en su toma de posesión, el 1 de abril de 1975, denunció ante el presidente Echeverría la nula efectividad de los programas que la Secretaría de la Reforma Agraria ejecutaba en Hidalgo.
Echeverría se sintió ofendido por el ataque a un colaborador cercano, que tenía a su cargo hacer realidad su política agraria y, desde ese momento, se dictó el destino político de Hidalgo, con la lucha por la desaparición de los poderes legítimamente constituidos.
LA SUCESIÓN EN HIDALGO
No podemos negar que Sánchez Vite impuso la candidatura del doctor Miranda, despertando también la inconformidad de importantes personajes políticos locales, que tenían aspiraciones y que después hicieron hasta lo imposible por deslegitimar ese gobierno.
Se presentaron las primeras manifestaciones subversivas, dirigidas por profesionales de la política, enviados desde el centro del país y el doctor Miranda no quiso responder con la fuerza. Dio instrucciones al procurador general de Justicia y al director de Seguridad Pública de evitar confrontaciones y de que se manifestaran públicamente.
Así, poco después de las cinco de la tarde del 29 de abril de 1975, luego de conocer el acuerdo de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión de desaparecer los Poderes en Hidalgo, gente acarreada de otras entidades del país, en especial de Guerrero, Morelos, México y algunos municipios de Hidalgo, entre ellos Actopan, Ixmiquilpan y Huichapan, ocupó la plaza Juárez y, desde ahí, políticos resentidos arremetieron contra su gobierno, hasta desembocar en la arenga y toma del edificio de Palacio de Gobierno.
Las últimas horas de la gestión mirandista fueron angustiosas para él y su equipo de colaboradores, por la presión federal.
Se armaron escenarios teatrales en el edificio del Registro Nacional de Electores en la calle Hidalgo y en las oficinas de la delegación de la Secretaría de la Reforma Agraria.
Las huestes traídas de otros estados y concentradas en la plaza Juárez de Pachuca fueron arengadas para tomar Palacio de Gobierno y se volcaron hacia él. Quebraron los vitrales de las puertas de acceso y, ante la realidad, los funcionarios tuvieron que abandonarlo, con la indiferencia de la turba incontrolada que, en los pasillos de palacio, no identificaron incluso a Miranda, el que salió sin ser reconocido.
El nuevo gobernador, Raúl Lozano Ramírez, se quedó en palacio, acompañado por senadores y diputados federales comisionados; por el comandante de la 18ª Zona Militar, general Absalón Castellanos Domínguez, y por los ejecutores del golpe de estado. Se iniciaba una nueva etapa.
Los contrastes de un derrocamiento y un nombramiento fueron evidentes: Otoniel Miranda Andrade —distinguido médico ginecólogo— se fue a Ciudad de México y continuó ejerciendo su profesión. Actualmente, a sus casi 100 años, vive tranquilamente en Pachuca con su esposa Raquel Negrete.
Raúl Lozano Ramírez desempeñó el cargo de gobernador provisional hasta principios de septiembre del mismo año, periodo en que convocó a elecciones, donde obtuvo el triunfo el PRI y su candidato Jorge Rojo Lugo. El estado de Hidalgo continuó firme en su avance, su progreso, como hasta el día de hoy.
¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH