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A criterio deColumnasGuillermo Corrales

El valor de la inclusión


México lleva algunos años dentro de un largo camino de entendimiento sobre lo que representan nuestras diferencias y la importancia de tolerar lo que para nosotros puede ser distinto: formas de pensar, afinidades físicas, formas de vivir, de amar y de participar en la vida pública.

Los derechos de las minorías nacen a golpe de lucha, su reconocimiento ha encontrado la luz en las exigencias, en las lágrimas de la injusticia, en las calles al marchar y hacerse ver; los derechos de las minorías se han forjado desde siempre en la adversidad.

En toda sociedad, y a lo largo de la historia del ser humano, lo diferente encuentra resistencia, lo diverso es visto con reserva o con cautela, por decir lo menos. Por todo esto, hoy me gustaría invitarles a hacer una reflexión respecto del trabajo serio y la lucha permanente de todas las personas pertenecientes a la diversidad sexual, grupo que histórica e injustamente ha sido discriminado y que, en México y especialmente en materia político electoral, viene abriendo brecha a golpe de sentencias para defender su lugar dentro de la esfera pública.

Nuestro país es un territorio maravilloso, con una riqueza cultural envidiable y profundamente diverso; sin embargo, y hay que decirlo, porque por ahí es por donde debemos comenzar, aún predomina una sociedad machista y discriminadora. Nos enseñaron por décadas un único modelo de familia, un único modelo de amor y un solo modelo de personas, por eso, al enfrentarnos con la diversidad social, la resistencia por nuestro origen y educación puede convertirse en discriminación.

A partir de esto, debemos comenzar a analizar nuestro papel desde el ámbito público, qué es aquello que podemos mejorar o cambiar para que este modelo de pensamiento social comience a ser inclusivo, tolerante y respetuoso de nuestras diferencias. La materia electoral es punta de lanza en los primeros ejercicios de inclusión, en la participación política de los grupos pertenecientes a la diversidad sexual, pero hay que decirlo, esto ha sido gracias al empuje y exigencia de quienes lo conforman.

Son los primeros pasos de la primera generación en México que ha comenzado muy lentamente a caminar en conjunto con los grupos que históricamente han visto la democracia desde la barrera y no la han vivido a plenitud. “Sin inclusión no hay democracia”, repitámoslo cada vez que desde el ámbito público, en donde nos desenvolvamos, tengamos la oportunidad de contribuir a la lucha por el reconocimiento pleno de los derechos humanos de todas las personas, sin distinción, sin discriminación.

En la medida en que todas las personas pertenecientes a todos los grupos sociales encuentren y cuenten con su lugar dentro de la construcción de la democracia es que tendremos una sociedad más justa, más igualitaria, más próspera y más en paz.

Guillermo Corrales

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