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Busca La Casa del Dragón emular éxito de Game of Thrones

Se estrenará mundialmente el 21 de agosto


“Es hosco, obtuso, cascarrabias y malhumorado”, describe Matt Smith, una de las figuras de La Casa del Dragón, la nueva serie que aspira a llenar el vacío televisivo que dejó Game Of Thrones.

Se refiere el actor (The Crown, Dr. Who) tanto a su personaje, el errático e impredecible “Príncipe Canalla” Daemon Targaryen, como al dragón del que es jinete: el formidable y rojizo Caraxes, “El Anfíptero de Sangre”.

Porque en la superproducción de HBO, que se estrenará mundialmente el 21 de agosto, tan importantes son los Targaryen como sus compañeros alados.

Las criaturas lanzafuego, esas que permitieron a la dinastía dominar Westeros, a fuego y sangre, por casi tres siglos, serán en esta nueva entrega hasta 17, algo jamás visto en pantalla.

“Es un lazo enorme el que los une. Caraxes es muy parecido a Daemon en todas esas cosas. Creo que ellos tienen una relación simbiótica, si soy honesto. Son muy cercanos. Creo que Daemon sólo encuentra paz cuando está con su dragón, cuando lo monta, cuando están volando por ahí”, completa Smith en entrevista.

No hay en La Casa del Dragón White Walkers, esa amenaza sobrenatural contra la que en Game of Thrones lucharon Jon Snow y Daenerys Targaryen, pero sí intrigas palaciegas y personajes capaces de lo mismo con su heroísmo que de ruindad.

“Esto trata de dragones, amor, traiciones, es sobre guerra, pérdidas y redención. Tiene todos los elementos de las grandes historias”, resume Smith.

Ubicada 200 años antes de los acontecimientos de Game of Thrones, la primera temporada de La Casa del Dragón narrará el preámbulo de la guerra civil conocida como Danza de Dragones, que casi extinguió a la poderosa dinastía.

Sin dar demasiados spoilers, se puede decir que en la corte del Rey Viserys I Targaryen (Paddy Considine), quien quiere un heredero varón para el Trono de Hierro, habrá bandos a los que más adelante se les conocerá como los Negros y los Verdes.

En los primeros, entre varios más, están Rhaenyra Targaryen (Milly Alcock, de adolescente; Emma D’Arcy, ya mayor), su tío Daemon, el poderoso Corlys Velaryon (Steve Toussaint) y su esposa, Rhaenys Targaryen (Eve Best).

Dentro de los segundos habrá que contar a Otto Hightower (Rhys Ifans), Mano del Rey, su hija Alicent (Olivia Cooke) y al caballero Sir Criston Cole (Fabien Frankel).

Las férreas divergencias que se verán en la pantalla entre los Targaryen tienen, a su manera, eco en el equipo de La Casa del Dragón, porque no hay acuerdos en temas como las posibles metáforas sociopolíticas actuales que se podrían extraer de la serie.

Mientras que los showrunners Ryan J. Condal y Miguel Sapochnik no dudan en señalar que uno de los temas es el patriarcado y cómo sus garras buscan impedir que las mujeres alcancen el poder, Smith y Frankel prefieren no establecer paralelismos.

“No nos corresponde hacer una lectura sociopolítica a esto. Nosotros sólo somos piezas de una historia que George R.R. Martin (en el libro ‘Fuego y Sangre’) escribió y fue adaptada por un equipo de escritores. Eso toca a la audiencia, el hilar el presente con nuestro show”, opina Frankel (The Serpent).

UNA PRODUCCIÓN QUE VUELA ALTO

Para superar la escala de lo que supuso Game of Thrones, HBO echó todo el fuego valyrio al asador: cada uno de los episodios costó 20 millones de dólares.

Un lingüista desarrolló a profundidad el idioma valyrio que hablan los Targaryen y el laureado diseñador de producción Jim Clay revisó a detalle cada cota de malla, cada yelmo, cada arma.

“Mi espada, Hermana Oscura, es fantástica y enorme. La hicieron en Noruega o Dinamarca, de acero prensado”, explica Smith.

También se redujo al mínimo posible la utilización de efectos visuales digitales y se privilegiaron los sets prácticos.

“Todo King’s Landing (el centro del poder de Westeros) fue construido en estudios (en Watford, Inglaterra). Cada cuarto era real. Era algo inmenso, colosal”, recuerda Frankel.

Las escenas de vuelos con dragones fueron resueltas con especies de toros mecánicos suspendidos a seis metros de altura, que los actores montaban mientras se les arrojaba “viento” o “lluvia”.

“Y entonces debías imaginar que estabas surcando el cielo con tu dragón”, menciona Smith.

Mario Abner Colina
Agencia Reforma

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