Desde 2012, los pobladores han implementado acciones para recuperar expresiones que forman parte de su historia ante la falta de un relevo generacional

Pobladores de El Motho, en Tasquillo, mantienen vivo el legado de sus danzas tradicionales frente a los cambios generacionales | Fotos: Especial
En la comunidad El Motho, perteneciente a Tasquillo, habitantes han emprendido desde hace más de una década un esfuerzo por salvaguardar su identidad cultural frente a los cambios que han traído consigo las nuevas formas de entretenimiento y comunicación.
Desde 2012, pobladores han impulsado acciones para recuperar expresiones tradicionales que forman parte de su historia. A pesar de que el interés de la juventud suele inclinarse hacia las redes sociales o contenidos comerciales, en Tasquillo persiste la convicción de que las raíces ancestrales deben preservarse como parte esencial del tejido comunitario.
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Entre estas destacan dos danzas que han logrado mantenerse vigentes en Tasquillo: la de la cera, que representa el trabajo artesanal elaborado con este elemento, conocido localmente como esquemadas, y la de la cruz, que simboliza una de las celebraciones religiosas más importantes de la región, vinculada al ritual de subir y bajar el crucifijo cada 3 de mayo.
Estas manifestaciones fueron retomadas gracias al impulso de Gabriela Acosta, quien, en su momento, como formadora de infancias, promovió su enseñanza. Aunque con el tiempo tomó otro rumbo en lo personal, el legado cultural que ayudó a reactivar continúa presente en la vida comunitaria de Tasquillo.

El proyecto de rescate se fortaleció mediante el apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc), lo que permitió consolidar al grupo cultural La Flor de Cempasúchitl, cuyos integrantes han llevado estas danzas a distintos espacios tanto en Tasquillo como el estado y más allá, representando con orgullo a su comunidad.
El Motho, cuyo nombre en hñähñu hace referencia a un abrevadero o canoa, surgió como una comunidad independiente tras separarse de Juchitlán. Este proceso reforzó entre sus habitantes la necesidad de conservar sus tradiciones, su identidad y su memoria colectiva.
Sin embargo, el relevo generacional se ha convertido en un reto. Actualmente, la mayoría de quienes integran el grupo son personas adultas y mayores, ya que la participación juvenil es limitada. De acuerdo con promotores culturales, la falta de interés de las nuevas generaciones podría poner en riesgo la continuidad de estas prácticas en el futuro.
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