Hoy, la diversidad de personajes enriquece la tradición del carnaval, pero la pintura facial permanece como rasgo distintivo de la Huasteca

La danza del meco se mantiene como un legado cultural único, símbolo de identidad y resistencia
Antes que las máscaras, estuvo el meco: personajes que se distinguían por pintarse el rostro con carbón, práctica que dio origen a la llamada “guerra de pintura”. Con el tiempo, tras el sincretismo indígena y español, las máscaras adquirieron relevancia y se multiplicaron en los carnavales, pero en la Huasteca se conserva la costumbre de pintarse la cara, lo que convierte a esta región en el único lugar donde el carnaval se celebra de esa manera.
El presidente del Consejo de la Crónica, Efrén Fayad Islas, explicó que la danza del meco es considerada la más antigua de la Huasteca, vinculada a confrontaciones entre chichimecas y huastecos y a las connotaciones prehispánicas del carnaval, también llamado Nahuatilis. En sus orígenes, los mecos representaban a guerreros enemigos y su aparición estaba asociada con el temor a los muertos que no encontraban paz.
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Señaló que la iglesia calificó estas prácticas como paganas, aunque con el paso de las décadas se suavizaron y se convirtieron en una función social. “Los mayores recuerdan que, cuando eran niños, se metían a sus casas al ver a los mecos”, señaló Fayad Islas.
Efrén Fayad recapituló que la tradición de pintarse el rostro surgió porque el mestizo no aceptó cubrirse con tierra, sino con tinturas distintas. Para algunos, esta costumbre se ha transformado en un simple acto folclórico, pero sigue siendo motivo de gusto y celebración.

En comunidades como Zontecomatlán, Veracruz, los mecos se caracterizan por su fuerza y por portar máscaras de cabezas de animales durante el carnaval, mientras que en Calnali, Hidalgo, se recuerda que fue uno de los primeros municipios en incorporar máscaras como la del “cuernudo”. Hoy, la diversidad de personajes enriquece la tradición carnavalesca, pero la pintura facial permanece como rasgo distintivo de la Huasteca.
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La máscara, explicó Fayad Islas, cumple la función de ocultar la identidad de los danzantes, quienes según la tradición oral no desean ser reconocidos por los “malignos”. Aunque la investigación histórica sobre esta práctica es limitada, la danza del meco se mantiene como un legado cultural único, símbolo de identidad y resistencia en la región Huasteca.
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