Hilo contado, identidad viva: artesanas que bordan tradición en Jaltocán

Desde hace 16 años, Elizabeth Salas ha construido un proyecto que hoy no solo preserva técnicas tradicionales, sino que también sostiene la economía local

Imagen: Salomón Hernández
 
Hace (1) meses
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Imagen: Hilo contado, identidad viva: artesanas que bordan tradición en Jaltocán

Elizabeth domina las técnicas unto atrás, punto de relleno e hilo contado

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En un taller donde los colores se ordenan por paciencia y memoria, cada puntada cuenta una historia. Elizabeth Salas Lorenzo, artesana textil de Jaltocán, ha construido durante más de 16 años un proyecto que hoy no solo preserva técnicas tradicionales, sino que también genera empleo y abre mercado para la indumentaria regional.

Su acercamiento al bordado comenzó en la infancia, cuando tenía alrededor de ocho años. Fue una tía quien la invitó a bordar servilletas, sin imaginar que ese aprendizaje se convertiría en su forma de vida.

Años más tarde, ya en su vida adulta, retomó la práctica al apoyar a su suegra, como parte de una actividad sugerida para terapia ocupacional. En ese momento, el objetivo no era vender, sino acompañar y mantenerse activa. Con el paso del tiempo, el bordado dejó de ser solo una actividad doméstica para transformarse en un proyecto productivo.

Elizabeth domina técnicas como el punto atrás, el punto de relleno y el llamado “hilo contado”, que exige precisión al trabajar sobre la tela siguiendo el conteo exacto de los hilos. “No es solo bordar, es saber combinar colores, imaginar el diseño y respetar la tradición”, explica.

Registro de la marca Quemitl

Hace aproximadamente 10 años lograron registrar su marca, un proceso que describen como complicado y costoso, pero necesario para consolidar su trabajo. Así nació “Quemitl”, palabra que en náhuatl significa vestimenta o indumentaria. Bajo este nombre, su taller ha evolucionado hasta convertirse en una fuente de empleo para alrededor de 20 personas, entre ellas dos hombres, en una actividad que históricamente ha sido dominada por mujeres.

Hace10 años fue registrada la marca “Quemitl”, que significa vestimenta o indumentaria en náhuatl | Foto: Salomón Hernández
Hace10 años fue registrada la marca “Quemitl”, que significa vestimenta o indumentaria en náhuatl | Foto: Salomón Hernández

Antes de contar con una tienda física, que abrieron hace cuatro años, la venta se realizaba en tianguis y festivales durante más de una década.

La aceptación no fue inmediata. “Al principio no nos conocían y también era difícil hacer más versátil una pieza tradicional”, recuerda. La manta, por ejemplo, era el material predominante, pero con el tiempo incorporaron nuevos diseños y estilos que ampliaron su mercado.

“Muchos no ven el esfuerzo colectivo que implica cada pieza”

Actualmente, la elaboración de una prenda puede tomar desde un día hasta tres meses, dependiendo de la complejidad. Manteles y vestidos bordados a mano pueden alcanzar costos de hasta 20 mil pesos, debido al tiempo y al número de personas involucradas en su confección. Sin embargo, el regateo sigue siendo una constante. “Muchos no ven todo el trabajo detrás, ni el esfuerzo colectivo que implica cada pieza”, señaló.

La modernización de los diseños ha permitido que sus productos encuentren nuevos espacios de comercialización. Además, la difusión del huapango en la región ha impulsado la demanda, ya que músicos y docentes buscan vestimenta tradicional para presentaciones y actividades culturales.

El tiempo de elaboración de una pieza puede ir un día a tres meses | Foto: Salomón Hernández
El tiempo de elaboración de una pieza puede ir un día a tres meses | Foto: Salomón Hernández

A este esfuerzo se suman otras experiencias como la de María Luisa Martínez Vite, del barrio de Toltitla, quien también forma parte de una empresa familiar. Explicó que, en su caso, incluso su esposo, quien elabora huaraches de llanta, se integra en algunas etapas del proceso. Para ella, las ventas mejoran en temporadas específicas como fiestas patronales y clausuras escolares.

El trabajo artesanal de Jaltocán ha trascendido fronteras locales. De acuerdo con las propias artesanas, sus productos han sido enviados a estados como Querétaro, Nuevo León y Ciudad de México, así como a la frontera norte e incluso a Carolina del Norte, en Estados Unidos.

Pese a los retos, Elizabeth reconoce el respaldo de quienes valoran su trabajo y optan por pagar el precio justo. Su historia refleja no solo la persistencia de una tradición, sino también la capacidad de adaptación de las comunidades para mantener viva su identidad a través del textil.

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