La Plaza de Toros Vicente Segura en Hidalgo, inaugurada en 1978, vuelve a ser el centro de la discusión sobre la tauromaquia, no solo por su valor cultural, sino por el impacto económico que representa para la región.
La Plaza de Toros Vicente Segura, inaugurada en 1978 durante el gobierno de Jorge Rojo Lugo, se mantiene como uno de los principales símbolos de la tauromaquia en el estado. Hoy, en medio del debate sobre su posible prohibición, el recinto vuelve al centro de la discusión pública, no solo por su valor cultural, sino por el impacto económico que representa.
De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, la tauromaquia en México genera una derrama económica superior a los 9 mil millones de pesos anuales y está vinculada a entre 40 mil empleos directos y hasta 80 mil indirectos en todo el país. Estas cifras abarcan desde toreros y ganaderos hasta personal logístico, músicos, transportistas y comerciantes que dependen de cada evento.
Otras estimaciones amplían el panorama. La actividad podría involucrar hasta 83 mil empleos directos y 147 mil indirectos, considerando toda la cadena productiva, desde la crianza del toro de lidia hasta la operación de espectáculos. Por su parte, reportes de Excélsior indican que tan solo en la Ciudad de México alrededor de 120 mil personas dependen directa o indirectamente de esta industria.
No obstante, estas cifras no están exentas de cuestionamientos. Investigaciones y posicionamientos legislativos han advertido que el número de empleos directamente relacionados con el espectáculo taurino podría ser menor y que algunos eventos operan con rentabilidad limitada, lo que pone en duda el verdadero alcance económico del sector.
El caso de Hidalgo se inserta en este escenario nacional. La posible prohibición de la tauromaquia no solo implicaría la cancelación de espectáculos en recintos como el Vicente Segura, sino también afectaciones a una red de trabajadores y actividades económicas que giran en torno a esta práctica.
Experiencias en otros lugares muestran distintos caminos. Espacios como la Plaza México han enfrentado suspensiones legales que han puesto en pausa su actividad, mientras que recintos internacionales como la Plaza de Toros de Las Arenas han sido reconvertidos en centros comerciales y culturales, conservando su estructura pero transformando su uso.

En este contexto, la discusión en Hidalgo no se limita a la continuidad de una tradición. La pregunta de fondo es qué tan arraigada está la tauromaquia en la entidad y cuáles serían las consecuencias reales de su eventual desaparición, tanto en el ámbito cultural como en el económico.
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