Inglaterra volvió a México después de 40 años para encarar los cuartos de final del Mundial Norteamérica 2026, en un duelo de memoria futbolera, especialmente en Pachuca, donde el vínculo con los ingleses sigue vivo desde la raíz, ya que fueron ellos quienes impulsaron disciplinas como el cricket, el tenis, el bádminton, el golf y, por supuesto, el futbol.

La presencia británica no solo se siente en la cancha, también en la historia. A escasos más de 120 kilómetros de la capital mexicana se encuentra Real del Monte, un pueblo mágico con fuerte herencia inglesa, visible en su arquitectura, su cultura y hasta en su gastronomía. Para varios aficionados europeos, ese detalle ha sido motivo de sorpresa y orgullo.
“Es increíble, es amazing… no sabíamos que había tanta influencia inglesa aquí”, lanzó un seguidor británico mientras recorría las calles cercanas al Estadio Ciudad de México, sorprendido por la conexión histórica entre ambos países.
Y es que el impacto inglés en la región es profundo, pues también Pachuca fue uno de los primeros focos futboleros del país gracias a mineros británicos que introdujeron el juego, dejando una huella que hoy sigue viva en el apodo de los Tuzos y en la identidad del club.
En las horas previas al encuentro, la convivencia entre aficiones se mantuvo cordial, aunque con el inevitable duelo de tribunas. De un lado, el clásico y repetitivo “England, England, England…”. Del otro, la respuesta mexicana que no tardó en encender el ambiente: “¡Inglaterra va a probar el chile nacional!”.

El ánimo mundialista se mantuvo intacto pese a la tormenta eléctrica que azotó la capital del país en la antesala del duelo. Ni el clima logró apagar el ambiente que se fue encendiendo desde cinco horas antes del silbatazo inicial, cuando comenzaron a llegar ambas aficiones al estadio.
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La selección mexicana, pase lo que pase ante Inglaterra, ya había logrado conectar con su gente. La afición reconocía un torneo histórico porque el equipo pasó de las dudas previas a firmar su primera victoria en un partido inaugural, un paso perfecto en fase de grupos, y el fin de rachas que parecían inquebrantables, como no recibir goles en la primera ronda desde 1970 y volver a ganar en fase final por primera vez desde 1986.
“Nosotros estamos muy felices con lo que ha hecho la selección. Antes del Mundial no nos imaginábamos todo esto”, compartió un aficionado entre la marea tricolor.
En ese contexto, este duelo ante Inglaterra se vivió como algo más que un partido, ya que igual fue también una especie de cierre simbólico. El último partido del Mundial en México, un país que durante 13 encuentros volvió a reafirmar su identidad futbolera, con aficionados de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey respondiendo como auténticos anfitriones.
La despedida dejó claro que México no solo organizó un Mundial, lo vivió, lo gritó y lo convirtió en una fiesta que ya quedó marcada en la memoria colectiva.
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