Las tierras, que antes se veían grises y desérticas, ahora han recuperado su tono verde

Desde hace unas semanas, con la llegada de las lluvias de fin de año, el cuerpo de agua subió su nivel | Foto: Luis Godínez
Atrás quedaron los pisos cuarteados, la basura al descubierto y el ambiente árido, pues gracias a las lluvias de fin de año y de los primeros días de 2025, la presa de La Estanzuela parece recuperar su color y su vida.
Meses atrás, Criterio documentó el estado desolado en el que se encontraba el cuerpo de agua que se encuentra a 30 minutos de la capital hidalguense, en los límites con Mineral del Chico.
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El piso cuarteado y un ambiente árido acaparaban el lugar que en años anteriores estaba repleto de agua. Las marcas de la humedad y el poder ver la torre y la cortina de la presa eran reflejo del estiaje que por meses azotó la zona.
Este escenario solo se ha visto dos veces durante los últimos 30 años, aseguran con tristeza los lugareños, quienes vieron cómo poco a poco la presa, que antes solía tener hasta 20 metros de profundidad, se secaba por completo.
Sin embargo, desde hace unas semanas, con la llegada de las lluvias de fin de año, el cuerpo de agua conocido como La Estanzuela subió su nivel, por lo que ahora ya luce una gran cantidad del líquido en su terreno.

En este lugar, ya es imposible ver las huellas de llantas de coche sobre su cauce. La gente ya no pasa por el lugar y, sobre todo, la basura ya no queda al descubierto, pues queda bajo los poco más de 15 metros que tiene de altura.
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Incluso, escenarios que hace unos meses no se veían ahora están presentes, como lo son los campos de cultivo en las inmediaciones. Las tierras, que antes se veían grises y desérticas, ahora han recuperado su tono verde, gracias a la humedad que el agua ha proporcionado.
La fauna local también ha comenzado a regresar, con aves que se posan en las rocas cercanas a la presa de La Estanzuela y con pequeños animales que reaparecen a medida que el ecosistema recupera el equilibrio. La actividad de los pescadores también se ha reactivado, aunque todavía de manera cautelosa.

Ahora, la cortina de la presa, que antes dejaba al descubierto su gran tamaño, ya no se alcanza a ver a la lejanía de la carretera que recorre el borde de la presa. A medida que el nivel del agua sigue subiendo, se puede ver cómo la naturaleza comienza a retomar el control del lugar, recuperando su vitalidad poco a poco.
Este renacer ha traído consigo un respiro de esperanza para los habitantes de la zona, quienes, a pesar de los años difíciles, observan con optimismo la recuperación de este importante cuerpo de agua.
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