Carlos Henkel informó que el parque fotovoltaico se instalará en un 90 por ciento en Singuilucan y 10 por ciento, en Epazoyucan, en tierras que “son infértiles” y sin uso agrícola

El parque fotovoltaico afectará a la flora y la fauna, dijeron los inconformes
Foto: Lizania Zavala
Integrantes del colectivo El Maguey, La Casa de Todos manifestaron su rechazo al parque fotovoltaico que autoridades pretenden instalar en territorio de Epazoyucan y Singuilucan.
En recientes declaraciones, el secretario de Desarrollo Económico de Hidalgo, Carlos Henkel, informó que el parque fotovoltaico se instalará en un 90 por ciento en Singuilucan y 10 por ciento, en Epazoyucan, en tierras que “son infértiles” y sin uso agrícola.
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Sin embargo, integrantes del colectivo señalaron que, en la comunidad Jalapilla, Singuilucan, las tierras están rodeadas de flora nativa, como magueyes, nopales, pirules, palmas y árboles endémicos, en una zona donde se cultivan cebada y avena.
Esta vegetación sirve de hábitat para diversas especies, como conejo, liebre, tlacuache, onza, mapache, cacomiztle, ardilla y motocle.
Agregaron que las tierras no solo sostienen el equilibrio del ecosistema, sino que también son fundamentales para unas 200 familias tlachiqueras, que dependen de ellas para producir pulque.
Señalaron que las parcelas ejidales en esta zona miden entre siete y ocho hectáreas, por lo que el parque fotovoltaico abarcaría alrededor de 60 parcelas, afectando “prácticamente toda el área ejidal”.

Además, advirtieron que el parque fotovoltaico tendría “un fuerte impacto” en la flora, la fauna y los recursos hídricos. Recalcaron que requerirá grandes cantidades de agua, lo que pondría en riesgo los manantiales comunitarios, que abastecen a la región y a zonas como Cuautepec, Ciudad de México y otras localidades de Hidalgo.
“La tierra no está vacía ni improductiva, como se quiere hacer ver”, señalaron y calificaron la situación como un ecocidio: “Es la destrucción de una cultura milenaria que ha sobrevivido en armonía con la tierra”.
Asimismo, negaron los señalamientos del gobernador Julio Menchaca Salazar de que el conflicto se ha politizado.
“No tenemos color, nuestro color es el del maguey. No somos políticos, somos campesinos, somos tlachiqueros”, dijo uno de los inconformes.
También denunciaron que la empresa detrás del parque fotovoltaico firmó contratos directamente con los ejidatarios casa por casa: “Muchos firmaron por necesidad, sin saber que están cediendo sus tierras por 30 años renovables. Las cláusulas están hechas para favorecer solo a la empresa”.
Sobre los 400 empleos prometidos, denunciaron que nadie de la comunidad ha sido capacitado y la formación se está dando en lugares como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Explicaron que los trabajos serán temporales, durante la construcción, y luego se limitarán a tareas básicas.
También criticaron la propuesta de “reubicar” flora y fauna, calificándola de absurda: “¿A dónde van a llevar a los coyotes, a las serpientes o a las especies en peligro?”, cuestionaron.
Asimismo, señalaron que es “ilógico” pretender reubicar un maguey de entre 10 y 15 años, ya que inevitablemente se secaría.
Integrantes del colectivo informaron que actualmente conservan 20 hectáreas de maguey con el sistema agrícola ancestral metepantle y que sus vecinos mantienen al menos otras 50 hectáreas más.
“El ser humano no es el único con derechos en este planeta. Si seguimos dañando a la Tierra, ella responderá. Y cuando la Tierra tiembla, temblamos todos”, sostuvieron.
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