En el marco de los primeros 500 años de la Tauromaquia en México, nuestra edición especial recorre la historia, el impacto económico y la pasión que mantienen viva esta fiesta en el estado
Con una rica herencia que se ha transmitido de generación en generación, Hidalgo se consolida como uno de los pilares fundamentales de la tradición taurina en México. Al conmemorarse los primeros 500 años de la Tauromaquia en el país, nuestra edición especial de revista dedica su portada y páginas centrales a explorar cómo el estado mantiene viva esta costumbre, impulsando el arte, la cultura, el turismo y el desarrollo rural.
Hablar de tauromaquia en Hidalgo es remitirse al municipio de Tepeapulco, considerado la cuna histórica de esta tradición en el estado y uno de los focos más importantes a nivel nacional. En este territorio se instaló el primer ruedo del país y, hasta el día de hoy, el interior de su convento alberga vestigios que refieren la celebración de festejos taurinos datados con más de 400 años de antigüedad.

El arraigo en esta región ha sido inmortalizado por cronistas y poetas, como Miguel Ángel Monroy en su obra “Celebración de Tauromaquía en Tepeapulco”, donde evoca la memoria de aquellos primeros festejos en el campo mexicano. Asimismo, municipios como Tula destacan por mantener una constante presencia de actividades taurinas entrelazadas con sus tradiciones populares.
Más allá del ruedo, la fiesta brava representa un auténtico motor económico y ecológico para la entidad. La crianza del toro de lidia es una pieza clave para la conservación de las tierras y el desarrollo de las zonas rurales, sosteniendo la economía de miles de familias hidalguenses.
Las cifras oficiales reflejan la magnitud de esta industria en el estado:
La afición hidalguense cuenta con una amplia infraestructura para vivir la fiesta brava. El estado alberga 60 recintos taurinos, destacando la presencia de 2 plazas monumentales con capacidad para recibir a más de 10,000 espectadores.
El principal referente de esta pasión se encuentra en la capital del estado: la Plaza Monumental Vicente Segura en Pachuca, inaugurada en 1978, la cual se ha convertido en el máximo escenario taurino de Hidalgo y punto de encuentro para las nuevas generaciones de aficionados.

La tauromaquia en Hidalgo trasciende el espectáculo para convertirse en memoria colectiva y costumbre familiar. Su preservación es el resultado de un relevo generacional que asume el toro de lidia no solo como un símbolo de bravura, sino como parte fundamental de la identidad cultural hidalguense.