De Cuautepec al centro de Pachuca: el viaje centenario de una panadería con alma

Desde 1951, esta panadería ha sido testigo del crecimiento de Pachuca y del valor de la tradición familiar
Contar la historia de los comercios de Pachuca es contar la historia de las familias y de la propia ciudad, sus cambios, evolución y, también, algunos asuntos que se podrían modificar.
De eso hablamos con el señor Raymundo Vargas, propietario de la panadería La Flor de Pachuca, un negocio icónico, ubicado en la calle de Guerrero, casi llegando a la plaza Juárez.
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La historia de la antiquísima panadería La Flor de Pachuca tiene su primer antecedente en Santa María Nativitas, comunidad de Cuautepec, en el siglo XIX, cuando el abuelo del señor Raymundo, Daniel Vargas, detectó que en una propiedad que habían comprado se encontraba un horno para hacer pan, por lo que le dijo a su hijo Juan Vargas que aprovecharan la oportunidad elaborando las piezas, pues él ya tenía experiencia.

Para 1929, se les invita a poner una panadería en Pachuca. El primer sitio fue la Casa de Aguas, junto a una escuela, en la calle de Morelos. En ese entonces, invitaron a una señorita para que dirigiera la escuela. De ahí nació la pareja y familia Vargas.
Después de mudarse a otro municipio, regresaron a Pachuca, a un local atrás del mercado de Barreteros, en 1942; después, para 1948, rentaron una propiedad en la colonia Morelos, pero a la vez comenzaron a buscar otro lugar que pudieran comprar, y la encontraron frente a la estación del ferrocarril del Nacional. En aquel entonces, ese lugar estaba un poco lejos de todo, y en las inmediaciones había muchos talleres mecánicos, venta de piezas automotrices, un taller de reparación de radios y, claro, varias cantinas.
En este contexto, fue como el 5 de febrero de 1951 los Vargas abrieron la nueva panadería, con la oferta de pan de dulce, con piezas como pedradas, besos y otras. En ese entonces, la novedad fue el autoservicio para los clientes, pues antes los anaqueles del pan estaban detrás del mostrador y los visitantes pedían sus piezas para colocar sobre el papel de estraza.

Hoy en día, los panes más pedidos en La Flor de Pachuca son las conchas de vainilla y chocolate, además de las mordidas, que derivan de la concha, pero tienen alrededor una parte llamada capote y lleva canela.
Un detalle que destaca y no se puede dejar pasar en La Flor de Pachuca es la presencia de decenas de radios antiguos en los anaqueles. La historia data de 1964, cuando Raymundo llegó a atender la panadería y, durante las noches, cuando se iba el personal, siempre le acompañaba un radio que era de su papá, y en el que escuchaba el programa Siempre es joven, del locutor Gutiérrez Zamora.

Al pasar del tiempo y muchos años, ya casado, un día decidió llevar ese mismo radio de vuelta a la panadería y tenerlo como recuerdo. El día que lo puso a modo de decoración, una clienta le dijo que ella tenía un radio parecido, y le pidió exhibirlo junto al suyo. Ese fue el comienzo de la enorme colección creada como regalo de los clientes. Además, ha recibido máquinas de escribir, televisores y muchas otras piezas, por lo que suma unas cien en total.
Después de una historia de tantos años, el propietario de este lugar considera que La Flor de Pachuca significa “gratitud a Dios y a la hermosa y muy querida ciudad de Pachuca. Mi esposa dice que no soy pachuqueño sino ‘pachucólatra’, porque amo a mi ciudad. He tenido la oportunidad de servirle. Fui fundador del Patronato del Centro Histórico y de organismos de carácter ciudadano y voluntario”.
En un mensaje final, que definió de carácter general, social, pachuqueño, expresó: “Pachuca ha crecido y sigue creciendo de una manera inesperada. Cuando mi papá me platicó que un amigo le cuestionó qué iba a hacer una panadería tan lejos de todo, mi papá me decía que Pachuca tenía que crecer forzosamente hacia el sur. Ni él ni yo imaginábamos hasta dónde iba a llegar el sur de Pachuca.
“Invito a los pachuqueños a que conservemos nuestra identidad, en nuestras actitudes, en nuestro andar en la calle: conceder la cera, saber saludar, decir ‘con permiso’, porque se está diluyendo”.

Hoy en día, la quinta generación es la encargada de atender en La Flor de Pachuca, con sus tradicionales conchas, los bolillos que siempre son muy solicitados, así como otras variedades de pan dulce. Este lugar es una muestra de tradición, pero también de persistencia por mantener vigente un sueño que comenzó con un horno al que llegaron de manera fortuita e inesperada.
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